1. El Cuauhtémoc de Troya

de la calle a la etiqueta :: de la etiqueta a la calle

ideología, nacionalismo :: cerveza y discriminación

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¡Qué locura tan grande, pobres ciudadanos! ¿Del enemigo pensáis que se ha ido? ¿O creéis que los dánaos pueden hacer regalos sin trampa? ¿Así conocemos a Ulises? O encerrados en esta madera ocultos están los aqueos, o contra nuestras murallas se ha levantado esta máquina para espiar nuestras casas y caer sobre la ciudad desde lo alto, o algún otro engaño se esconde: teucros, no os fiéis del caballo. Sea lo que sea, temo a los dánaos incluso ofreciendo presentes.

Eneida, Virgilio, Libro II.

El auténtico nacionalismo es aquel que solo lo es porque está profundamente basado en las capas más esenciales del ser psíquico de los pueblos. Que se manifiesta con sencillez, con naturalidad, que nunca es consciente y voluntariamente buscado, sino que va expresándose de una manera espontánea.

Manuel Morales Gómez

Para la Cervecería, el nombre de Cuauhtémoc fue sin duda un sinónimo de lucha permanente, de resistencia, de combate.

Francisco García Ramírez

Miguel Noreña esculpió un Cuauhtémoc como lo vemos mucho en botellas de cerveza, pero cuyos rasgos faciales son romanos.

Salvador Novo

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¿qué tiene que hacer cuauhtémoc en monterrey?

¿Por qué Cuauhtémoc, en una ciudad sin fuertes referentes indígenas?

¿Por qué la industria fundadora del norte del país, desde su ideología de autonomía regional, decide asignar, en su marca, un nombre relacionado a los orígenes de la nación y promovido por Porfirio Díaz y tomar como su logo un monumento que se erigió en la ciudad de México?

¿Cómo la cervecera ha utilizado su marca, el arte y sus etiquetas de manera ideológica?

¿Por qué a nadie le extraña?

i. dispositivo ideológico de inclusión nacional

monumento e industria

En 1910, para celebrar el centenario de la Independencia, se erigieron el Ángel de la Independencia, del arquitecto Antonio Rivas Mercado, en la ciudad de México; y, en Monterrey, el Arco de la Independencia de Alfred Gilles.

Veinte años antes, en la ciudad de México y en Monterrey se erigen dos edificaciones que, aunque coinciden exactamente en la iconografía, marcan diferencias esenciales en los motivos que les dan origen.

En 1887, dentro del gobierno de Porfirio Díaz, como un acto para construir nación, se inauguró en la ciudad de México el monumento a Cuauhtémoc, del escultor Miguel Noreña, en el Paseo de la Reforma –trazada en la época de Maximiliano y llamada originalmente Paseo de la Emperatriz. Este monumento era el inicio de un proyecto para establecer una narrativa urbana de personajes que rindiera homenaje a los constructores de la nación. Para anular el peso simbólico de la estatua anteriormente erigida de Cristobal Colón (1883), la de Cuauhtémoc tenía el objetivo de generar un equilibrio y “mestizaje” en esta historia pública, complementada por una serie de estatuas de escala menor que configuraran esta narrativa nacional hasta llegar a la Reforma.

En 1892 en Monterrey, en ese espejo inverso de poder empresarial, se estableció, el edificio –diseño del arquitecto O. J. Wilhemi, desarrollado por el arquitecto Ernest Jansen– como un monumento industrial, pues formará un hito de identidad en la region: la Cervecería Cuauhtémoc.

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La efigie de Cuauhtémoc, acuñada por la empresa desde 1890, alcanzó las dimensiones de un icono, y junto a la hermosa cúpula del edificio porfiriano —que aún se mantiene como uno de los símbolos de la ciudad, en su logrado estilo ecléctico, parte neoclásico, parte industrial inglés decimonónico—, trazaron el sendero de su historia para edificar en grande allí donde parecía imposible construir lo modesto. (García Ramírez, 59)

Cervecería Cuauhtémoc

un indigenismo blanqueado

En el uso de la imagen de Cuauhtémoc a finales del siglo XIX se dan tres tipos de blanqueo

-­ político: nacionalismo enraizado en un indigenismo para “venderlo” a una nación criolla.

-­ ideológico: recurrir al indígena mártir, defensor, para evidenciar la necesidad de resistir a lo extranjero (¿en época de búsqueda de inversión extranjera?).

-­ estético: erigir la imagen del indio bajo modelos clásicos y eurocentristas.

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nomenclatura contra la lógica

Si, como un énfasis de su regionalismo, la mayoría de las empresas de la época, fundadas por el mismo grupo llevan el nombre “Monterrey” (Fundidora de Fierro y el Acero de Monterrey, Vidriera Monterrey, Fábrica Monterrey) y la cervecería que la antecedió se llamó “El León” (1886), ¿por qué la fábrica fundacional de esta élite económica responde al nombre de “Cuauhtémoc”?

¿Qué es lo que gana, qué busca, una burguesía que nunca pasó por la historia de la subordinación colonial, que no establece su poder desde lo criollo, al tomar un símbolo indígena como forma de legitimización social de su poder y capital?

¿Ante quién?, ¿de qué manera?

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De las 9 cervecerías con mayor producción para 1900 registradas en el Anuario Estadístico de la República [Peñafiel] la mayoría llevan el nombre del lugar donde están establecidas: Sonora, San Luis, Toluca, Chihuahua, La Perla (Jalisco), Central (ciudad de México).

Solo tres tienen un nombre “simbólico”, es decir, abiertamente político: Porfirio Díaz de Cuernavaca; Moctezuma (1894) en Veracruz y Cuauhtémoc en Monterrey. (Casares Puente, 21)

Parece ser una tendencia de la época el que las cerveceras fundadas con inversión extranjera lo oculten o equilibren con la marca de un monarca indígena.

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La Cervecería Moctezuma fue fundada en 1896 por un grupo de empresarios conformado por Adolph Burhardt, E. von Alten, William Hasse y Henry Manthey, casi todos alemanes, que residían en la ciudad de Orizaba. (García Ramírez, 120)

La Cervecería Cuauhtémoc comenzó operaciones en 1890. Inició como una inversión conjunta entre los comerciantes regiomontanos y Robert Schnaider, el hijo de un cervecero de Saint Louis, Missouri. El norteamericano supervisó las operaciones hasta 1895, cuando sus socios mexicanos le compraron sus acciones. Como todos los cerveceros exitosos, los Garza Sada dominaron el arte de las relaciones públicas, promoviendo desde entonces la cervecería como una empresa fundada con capital mexicano. Aunque la historia de la empresa oculta el hecho, pocos llegaron a cuestionar el patriotismo de una empresa con el nombre de un emperador azteca. (Snodgrass, 28)

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un símbolo que busca rearticular, desde el norte, la unidad nacional

Para borrar esa imagen separatista, fronteriza y ligada a los Estados Unidos heredada del vidaurrismo, y aliándose así, a través del uso de los mismos signos, los empresarios tomaron la imagen de Cuauhtémoc para sumarse al nacionalismo del gobierno central de Porfirio Díaz.

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As the primary element within a larger iconographical program, the Cuauhtémoc Monument embodied a conception of Mexican history which had been formulated by the liberal intelligentsia in the 1870s and 1880s, a «myth of unification», in Charles Hale’s words, according to which Mexico, which had submitted to foreign domination at the Conquest, truly regained its freedom only after the expulsion of the French in 1867, and finally achieved national consolidation under the Díaz regime. (Fulton; 2008a, 22)

Para los socios mexicanos era fundamental imprimir a la empresa un sentido nacionalista con miras a una futura competencia en el extranjero. Desde antes de la fundación de la cervecería habían buscado un nombre que fuera representativo de lo mexicano. De ahí que eligieran el de Cuauhtémoc. La elección del monarca azteca que enfrentó con bizarría a los españoles en el siglo XVI no fue azarosa. Hacia finales de la década de 1880 imperaba en el país un redescubrimiento de las raíces indígenas. (García Ramírez, 41)

El 8 de noviembre de 1890 nace en Monterrey una nueva empresa que busca introducir por primera vez al mercado un producto de su género hecho en México: se trata de la Cervecería Cuauhtémoc, que adopta la imagen del monumento y tal vez desde un inicio el mismo nombre busca brindar confianza hacia una bebida hecha en México frente a otro producto similar. (Salazar Torres, 213)

It is perplexing that the image of Cuauhtémoc, the stubborn opponent of foreign intervention, should be promoted by a transnational corporation which had been formed by a consortium of Mexican and North–American entrepreneurs. (Fulton; 2008a, 45)

In December 1904, El Colmillo Público published a cartoon which spoofs the liberal conception of history. It shows Cuauhtémoc at the base of a human pyramid with Hidalgo and Juárez stacked at higher levels, and pokes fun at the porfirista Alfredo Chavero, who is seen struggling to set a bust of Díaz on the pinnacle of the structure, while general Bernardo Reyes tries to cap it with a figure of Uncle Sam. (Fulton; 2008a, nota 84)

mexicanización de la planta de trabajo

1. entre técnicos extranjeros y obreros mexicanos

En noviembre de 1891 comenzaron las primeras contrataciones de personal. De Alemania llegaron varios maestros cerveceros y un ingeniero para supervisar la producción. El resto del personal se conformó con mano de obra local. Un año después comenzó a operar la fábrica con setenta obreros, dos empleados administrativos y una producción de mil quinientas botellas de cerveza al día. (García Ramírez, 47)

La condición laboral es extremadamente insatisfactoria, la demanda de obreros capaces es bastante mayor que la oferta. Este dilema, comenta un periódico, “ha forzado a todas y cada una de las industrias de esta ciudad a recurrir a los extranjeros. (La Unión, Monterrey, 1899 en Snodgrass, 35)

2. beneficios para los trabajadores… extranjeros

[Para 1899] los salarios de esos trabajadores extranjeros reflejaron su estatus especial y la intención de sus patrones de mantenerlos a bordo. Fundidora siguió a Cervecería al erigir viviendas especiales para sus obreros calificados extranjeros, la mayoría de Alemania. (Saragoza, 124)

3. especializados pero conflictivos

Los trabajadores extranjeros no solo exigían mayores salarios, también eran conflictivos. El primer intento por fabricar botellas terminó cuando una disputa contractual con sus sopladores importados condujo a una huelga. En una exhibición temprana de su estilo administrativo, la empresa echó a sus trabajadores del Cuarto Alemán, interpuso una demanda de 15 mil pesos por “daños” y rescindió su obligación de cubrirles el transporte a Hamburgo. (Snodgrass, 37)

4. nacionalismo como ideal unificador

La limitada demanda de la Cervecería Cuauhtémoc de obreros calificados le permitió reclutar más migrantes rurales. (Snodgrass, 34)

Cuauhtémoc imagery stressed national integration at the expense of community and shared benefits; it was in conception bourgeois, urban and progressive, and tended to elide the agrarian and small–town interests of campesinos, who made up the great majority of the population; and while it promulgated republican ideals, it also commended a style of leadership which validated the autocratic power of Mexico’s presidents, and appealed to a bankrupt nationalism which in later years had deserted its liberal platform and remained incapable of articulating a coherent social policy. (Fulton; 2008a, 46)

Los industriales de Monterrey se propusieron alcanzar la mexicanización de sus fuerzas laborales. Públicamente hablaban de su esfuerzo como una misión patriótica y benevolente para elevar moralmente a las masas mexicanas. (Snodgrass, 37)

dictadura disfrazada de patriotismo

No solo las autoridades de gobierno federal usaron el símbolo de Cuauhtémoc para mantener unido al pueblo a través del patriotismo y atraer el apoyo popular hacia las instituciones del Estado.

The Cuauhtémoc Monument not only expressed an ideology of national independence and integration, but stood as a testament to Porifirian rule. The armed emperor commanding his loyal subjects portended Díaz’s ascent to power and the entrenchment of his regime, just as the Monarch’s demonstration of virtue is was reenacted by the forceful and magnanimous president. (Fulton; 2008a, 24)

Los corporativos de Monterrey también utilizaron este símbolo como un doble frente. Primero para probarle al Estado Federal que, a pesar de estar en la frontera y tener mercado y empleados extranjeros, la empresa apoyaba los intereses del país. Segundo, para lograr el soporte de la clase obrera y fincar, con el apoyo de su planta, de más de mil obreros, un estado autónomo, un estado privado.

Similarly, as the hero of Tenochtitlan has been adopted by radical groups, official organs of power have retained the image as a symbol of unified Mexico, and it may be suggested that these authorities have planted the imagery among the working classes in order to stimulate patriotic feeling and attract popular support for the institutions of State. Federal and state governments continue to commission public statues of the emperor, whose head is still used as the logo of the commercial enterprise Cervecería Cuauhtémoc. (Fulton; 2008b, 43)

En una postal institucional de 1900 aparece una vista panorámica de la planta de cervecería y, al lado izquierdo una imagen de Cuauhtémoc –reproducción del monumento–, en vez de la lanza, sostiene con su mano derecha el asta con la bandera de México que ondea y envuelve por detrás al personaje en su totalidad. (Una reproducción de esta postal puede verse en García Ramírez, 41)

[Los trabajadores de Cervecería Cuauhtémoc] expresan su orgullo de que la empresa tuviese propietarios mexicanos. Alaban su uso de imágenes patriotas en vez de etiquetas que parecieran europeas para comercializar sus productos. (Snodgrass, 94)

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una gesta heroica: alianza obrero-­patrón

El paternalismo empresarial adquirió un “giro nacionalista”. Los influyentes empresarios regiomontanos pronto promovieron su modelo como el medio más eficiente para alcanzar la armonía trabajo-­capital que fomentaría el progreso económico de México. (Snodgrass, 82)

Los Garza Sada no solo construyeron una empresa que “liberó” a México de su dependencia histórica de las importaciones; al hacerlo, ofrecieron “empleo ventajoso y siempre demostraron una profunda preocupación por elevar el nivel cultural de los trabajadores”. (Snodgrass, 79)

La narrativa regionalista enlazó un pasado fronterizo con un presente urbano en el que los pioneros industriales y sus obreros aliados superaron los retos impuestos por el equivalente moderno de los “indios barbaros”: la Revolución, las crisis económicas, los comunistas y un entrometido gobierno federal. (Snodgrass, 23)


El Cuauhtémoc de Troya

(publicaré -por entregas- un libro que tiene 1 año guardado y estuve a punto de perder hace unas semanas)

El Cuauhtémoc de Troya

Uso y resignificación del espacio público en Monterrey

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Índice

Contra la teoría de Monterrey

1. El Cuauhtémoc de Troya

de la calle a la etiqueta :: de la etiqueta a la calle

ideología, nacionalismo, cerveza y discriminación

2.  Ideología en las paredes

voz –acallada y evidente– de la ciudad

  • ¿muros y educación socialista en monterrey?
  • desideologización de los murales
  • nomadismo, trazo y ciudad
  • defensa y criminalización
  • capitalización del graffiti
  • el color de la indiferencia
  • los colores de la gentrificación

3.  De la plaza pública al suplemento social

identidad, visibilidad y pertenencia

  • la construcción de la apariencia
  • una mirada otra
  • ciudad imagen del deseo
  • desplazamiento y subjetividad
  • lo único constante es el capital

4.  Una placa de concreto

desarrollo, movimientos sociales y conciencia petrificada

  • manifestaciones obedientes
  • asentamientos espontáneos
  • despojo urbano
  • del trabajo a la indigencia
  • construir el bienestar
  • contra una lápida
  • parti(cipa)ción ciudadana
  • ¿conciencia petrificada?

5.  Ciudad fracturada

violencia :: entre naturaleza y desarrollo :: entre desarrollo y sociedad

  • fuentes violentas
  • industria y violencia
  • unión y rasgadura
  • violencia real y simbólica

6.  Del Campus al Distrito Universitario

proyectos sociales corporativos :: gentrificación a través de universitarios y universidades

  • construcción, oásis del capital
  • las colonias corporativas y el campus
  • la gentrificación y sus agentes
  • el nuevo lenguaje del desarrollo inmobiliario

A manera de epílogo

Bibliografía

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Contra la teoría de Monterrey

Monterrey es una teoría que dio sentido a su comunidad y a su desarrollo por casi un siglo.

En la segunda década del siglo XXI la ciudad de Monterrey experimentó una serie de cambios que la cuestionaron y la hicieron experimentar un retiro hacia lo privado hasta resultar en un vacío, debido –entre otras cosas– a la crisis de inseguridad que desmembró la movilidad de la ciudad. Este libro pretende registrar –hacernos conscientes de– los cambios culturales, para volverlos procesos reflexivos y que no se queden solo en reacciones efímeras.

El libro se presenta como un ensayo de cultura visual: imágenes fotográficas o de los medios, arte, diseño de etiquetas, graffiti, murales, la arquitectura simbolizada en la construcción de un perfil urbano, las maneras en las que las personas toman –o son despojadas o arrojadas hacia– la calle y se apropian simbólicamente de algunos lugares, son los sujetos de este análisis.

A través de algunas manifestaciones en la ciudad se evidencia cómo el espacio público ha cambiado su uso y sus valores simbólicos a lo largo de las últimas décadas.

El libro consta de 6 capítulos, cada uno animado por una imagen.

En el primero, El Cuauhtémoc de Troya, la etiqueta de la cerveza Cuauhtémoc (luego Indio) nos sirve para hablar de cómo, en esta imagen, se fincó la ideología del capital en Monterrey, alrededor del trabajo y la cerveza, a través de las imágenes del arte y de las etiquetas de sus diferentes marcas y de cuál es la relación que esta ideología establece para entender las comunidades de las que depende para construir capital.

En el segundo capítulo Ideología en las paredes, nos enfocamos en las manifestaciones visuales en los espacios públicos: murales, graffitis, la publicidad o la señalización en los edificios para entender cómo, las diferentes ideologías que se mueven en la ciudad, utilizan los muros de las calles como un campo de batalla y cómo el resultado es un palimsesto de esos poderes.

De la plaza pública al suplemento indaga cómo las relaciones sociales se fijan, a través de la fotografía, en una mirada; y cómo éstas cambian conforme el espacio de encuentro transita de la plaza pública hacia el centro comercial para, finalmente, llegar al suplemento social como apoteosis de la reproductibilidad de la imagen.

En el cuarto capítulo, Una placa de concreto, revisamos el impacto que la construcción de la Macroplaza tuvo para la vida de la ciudad y sus grupos sociales. Incluimos, como parte de esta reconfiguración social del espacio público, la permisividad, el surgimiento y visibilización de algunos movimientos sociales relacionados, o no, con las demandas que el crecimiento de la ciudad implicaba (vivienda, justicia, representatividad política…).

El quinto capítulo, La ciudad fracturada, es una exploración de cómo la violencia –sea natural o simbólica– ha aquejado y fundado las prácticas de la ciudad, desde el territorio donde se fundó, hasta su forma de fincar su desarrollo, y las fragmentaciones que esta violencia implica para su población.

El capítulo final, Del campus al distrito universitario, cierra con un análisis de la manera en que las universidades –desde que construyeron su campus universitario hasta que se han vuelto gestoras de la nueva planeación urbana– han perfilado a la ciudad. La metrópoli es una manifestación de este orden espacial de saber y poder. Desde la mitad del siglo XX, institucionalmente o con sus egresados, han colaborado con los desarrolladores urbanos en la construcción de un discurso del capital que –en apariencia– favorece a la comunidad, pero a costa de la inequidad.

La relevancia del espacio público se ve reflejada también en la estructura del libro. Construido en base a una revisión de más de 70 fuentes bibliográficas, el resultado – además de una visión personal– es la confrontación de diversas voces que van conformando un diálogo vivo sobre el espacio público de Monterrey a lo largo de un siglo.

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Algunos espacios “sobresignificativos” sirven para mezclar todos los mensajes y hacer imposible la decodificación. De este modo, ciertos espacios producidos por promotores capitalistas están tan cargados de signos –signos de bienestar, felicidad, estilo, arte, riqueza, poder, prosperidad, etc.– que no sólo es borrado su significado fundamental (la rentabilidad), sino que cualquier significado desaparece por completo.

Henri Lefebvre

La calle es el lugar por excelencia para movilizar las ideas de orden social, por lo que es tanto el reflejo de las ideas dominantes, como de los sistemas de ideas de grupos minoritarios.

Camilo Contreras Delgado

La nueva espacialidad urbana es parcial en un doble sentido: da cuenta sólo de una parte de lo que sucede en las ciudades y de lo que ellas son, y ocupa sólo una parte de lo que podemos considerar como “el espacio de la ciudad”, tanto si se entiende en términos administrativos, como en el sentido de los múltiples imaginarios públicos que pueden estar presentes en diferentes sectores de su población.

Saskia Sassen

El libro tradicional ha sido separado en páginas independientes, aumentado como un folio abierto de cien páginas, coloreado para mayor intensidad y llevado a la calle como un póster.

El Lissitzky

¿Pero no es cada rincón de nuestras ciudades un lugar del crimen?

Walter Benjamin

El derecho a la ciudad no es acceder a lo que los especuladores de la propiedad y los funcionarios estatales han decidido, sino el derecho activo a hacer una ciudad diferente, adecuada a nuestros anhelos, es el derecho a rehacernos también a nosotros mismos de acuerdo con una imagen diferente.

David Harvey

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