v. producir bienestar

industria de la experiencia y capital

1. alienación del ocio

En 1917, con la intención de disminuir el ausentismo de los operarios los días lunes, la cervecería destinó un local, el pago de la música y la donación de dos cervezas por adulto para que los obreros, junto con sus familias, gozaran de su día de descanso. (Recio Cavazos, 83)

2. entretenimiento puro y duro

Aunque algunos usos de entretenimiento y análogos a lo cultural ya ocurrían en el Barrio de Catedral desde los años ochenta –y aun desde los setenta–, su cantidad y presencia en el paisaje urbano era tan mesurada que predominaba la vida familiar sobre cualquier otra. Pero la declaratoria de los años noventa [como Barrio Antiguo, el barrio más antiguo de Monterrey] llamó la atención de mucha gente que no estaba familiarizada con el lugar, y surgieron cafés, restaurantes y bares. Se volvió atractivo para los usuarios y comerciantes, y comenzó a fomentarse una vida nocturna cada vez más intensa que se expandió por unos quince años, suficientes para que se formara una tradición en más de una generación. Por supuesto, los habitantes que residían en esa zona antes de 1993, poco a poco fueron ahuyentados por la gran cantidad de nuevos usuarios que tomaron el barrio en masa invadiendo la privacidad y tranquilidad que solía haber. Los usos de suelo cambiaron y se encarecieron los bienes raíces. Al mismo tiempo, los que se beneficiaban de ese fenómeno vieron que, para su conveniencia, la manera más rentable de responder a la nueva demanda era hacerlo desde el lugar del entretenimiento puro y duro. (Casas, 79)

3. música y juventud

Homero Ontiveros, tecladista de la banda de ska Inspector, relata que desde la mitad de la década de los noventa, el Barrio Antiguo comenzaba a tomar fuerza como punto de encuentro y donde el denominador común era la música.

«Desde mediados de los noventa ya empezaba a haber música ahí, sobre todo en los lugares más emblemáticos, el Café Iguana, La Tumba y el Skizzo, prácticamente eran estos tres lugares. Era como cualquier zona de entretenimiento y diversión, pero la diferencia era que de alguna forma se metió la música original, música local, se empezaron a hacer tocadas y pequeños conciertos donde la gente entraba con boleto pagado».

El Barrio Antiguo se convirtió en un punto crucial, para el desarrollo de la famosa Avanzada Regia, un conjunto de agrupaciones musicales que derribaron las fronteras locales y nacionales, integrado por bandas como Control Machete, El Gran Silencio, Zurdok, Plastilina Mosh, Genitallica, Panda, Jumbo entre muchos otros.

Con esa efervescencia musical fue como los bares y antros ubicados en la zona empezaron a consolidarse en el gusto de la población. Luego aparecieron otro tipo de opciones donde el objetivo no era realizar conciertos, sino sólo la fiesta y el baile.

Las 16 calles del Barrio Antiguo eran casi intransitables por la cantidad de gente que asistía a la oferta de bares y antros los fines de semana. De jueves a domingo las calles se volvían peatonales, cerradas y custodiadas por Tránsito de Monterrey.

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Hay quienes aseguran que llegaron a transitar hasta 10 mil personas en un solo fin de semana entre las arterias del famoso Barrio. (Blog Thump, noviembre 2016)

4. noche de halloween

Es la noche de Halloween de 2009 en el centro de la ciudad de Monterrey; ríos de gente disfrazada han provocado que la policía cierre las calles en el cruce de las calles Morelos y Dr. Coss. La multitud avanza, saltando de bar en bar, despreocupados y sin saber que, ese año, sería el último en el que el Barrio Antiguo vería tal cantidad de gente congregada.

5. entre una espada y una puerta (cerrada)

Jesús González, representante de la organización civil Alianza Cívica, recuerda que los testimonios de los propietarios de los bares y centros nocturnos aludían a que estaban siendo forzados tanto a pagar piso como a vender o permitir la venta de drogas dentro de sus instalaciones.

“Los establecimientos quedaron en medio de la guerra; entonces los narcotraficantes obligaban a los bares o restaurantes a vender droga, eso nos lo han comentado los dueños de estos negocios. No tenían otra: o vendían o cerraban”.

6. la muerte del barrio antiguo

En el Barrio Antiguo casi todos pueden precisar el momento cuando inició la debacle de este popular sector de diversión nocturna: el 21 de mayo del 2011, cuando un grupo de hombres armados abrió fuego contra el icónico Café Iguana, dejando como saldo cuatro personas sin vida. Meses atrás ya sufría afectaciones por la desbordada inseguridad en la entidad.

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Desde entonces, en las fachadas de las casonas antiguas se suplieron los anuncios de promociones por los letreros de “se vende”, “se renta” o “se traspasa”. (Hora cero, 29 de septiembre de 2016)

participación ciudadana a través de récords

En plena época de violencia e inseguridad, municipios, corporativos y ciudadanos estaban más preocupados por volver la participación ciudadana un espectáculo global en forma de récord, que por transformar su dinámica social.

1.

El récord por el hot dog más largo del mundo se obtuvo en Monterrey en 2008. Decenas de chefs de esa ciudad, convocados por el gobierno municipal, lograron elaborar un hot dog de más de 76 metros. (El Universal, 27 de septiembre 2008)

2.

La ciudad regia es pionera en flashmobs en México, Luis Escalante es el organizador del mayor flashmob en Monterrey, El Mundo se detiene. El 28 de septiembre de 2008 a partir de las 5 de la tarde, a lo largo del Paseo Santa Lucía, la gente se quedó congelada a lo largo de 6 minutos. Se logró reunir a tres mil doscientas personas.

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3.

En agosto de 2013, Monterrey logró romper el Récord Mundial Guinness con «La Carne Asada Más Grande del Mundo», luego que 45 mil 252 participaron en el consumo del platillo en el evento realizado en las instalaciones del Parque Fundidora. Se estima que para el récord fueron preparadas alrededor de 18 toneladas de carne, repartidas en 45 mil 252 kits que incluyeron tortillas, salsa, papa, cebolla y limón.

experiencia de bienestar

El capital, el narco y la cultura, en Monterrey, están tejidos y coexisten íntimamente.

Hace décadas, Monterrey ha efectuado una transición de la industria manufacturera a una desmaterialización de su producción.

Con la fundación del Tec se empezó a invertir en cultura no como un esquema de servicio social sino como un modelo que volvía rentable y franquiciable la educación superior.

Parte importante del desarrollo económico del siglo XX se basó en la producción de estados de conciencia a través de Cervecería y Cigarrera.

El desarrollo del sector financiero, a través de bancos y oficinas de asesoría bursátil, fue parte de esta transición.

La rentabilidad y poder de las empresas de medios, consolidados a inicio del siglo XXI, evidencian esta desmaterialización de la industria.

Todo este proceso de transformación de los capitales ha sido acompañado por la consolidación de una infraestructura de entretenimiento.

Los equipos deportivos, el surgimiento de grupos de rock, locales para la presentación de conciertos, rodeos de medianoche y table dance, restaurantes y antros, parques temáticos y museos cubren una necesidad social y son parte de este capitalismo cultural.

Todos los que aquí vivimos sabemos que lo que produce Monterrey es una experiencia. Una experiencia narcótica, etílica, un gran deseo de vida disfrutable.

Lo que produce esta experiencia es la cultura (industrializada, espectacularizada o aburrida).

Y, contrario a lo que se piensa, las drogas (legales o ilegales) son herramienta esencial para lograr esta experiencia.

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El espectáculo de los estadios de futbol no se concibe sin cerveza, de igual modo los conciertos, los antros y los tables.

El narco no llegó a Monterrey. Se ha producido, a lo largo de su desarrollo económico, como parte de esta experiencia de capital y bienestar.

Que en una esquina del Barrio Antiguo un capo, tranquilamente estacionado en su camioneta, llevara sus cuentas y surtiera su mercancía, es muestra de que en Monterrey se apoya a los empresarios que contribuyen a producir esta experiencia.

(Rechazado para su publicación en Milenio, marzo 10 de 2009)

una economía otra del espacio público

La toma de terrenos por los paracaidistas, viviendas irregulares, el cierre de acceso de algunas calles por las bandas o la violencia y el cobro de piso se instauran como prácticas espejo del desarrollo habitacional, las colonias privadas que proliferan por la ciudad y el desarrollo inmobiliario.

*

En plena década de los sesenta, la Confederación Nacional de Organizaciones Populares encabezó una serie de acciones, incluso invasiones, que propiciaron el surgimiento de fraccionadores ilegales. Éstos, mediante pagos y connivencias políticas con las autoridades, se apropiaban de terrenos y alentaban a las invasiones para luego cobrar cuotas exorbitantes a las familias ahí asentadas, todo lo cual redundaba en beneficio de la misma CNOP y de la CTM. (Sánchez, 166)

[El gobierno del estado instituyó el programa Tierra Propia para regularizar la propiedad de terrenos invadidos con el fin de acabar con esta irregularidad], pero las invasiones continuaron, muchas veces bajo la modalidad de auto-invasiones propiciadas por dueños de terrenos de difícil urbanización, quienes, a título personal, acordaban con algún líder de colonos la invasión de sus propios predios. (García Ortega, en Moreno Zúñiga, 21, nota 8)

La relación conveniente entre lo público y lo privado, parece verse desequilibrada cuando los jóvenes se asientan en cruceros o áreas de paso común y se asume como privada o semi-privada una zona pública, se establece el control sobre ese espacio como la expresión violenta de una organización que así define una identidad grupal. (García, 147)

Una serie de medidas de seguridad fueron adoptadas por la población: se prefirió la vida en los fraccionamientos privados y la convivencia se limitó a los conocidos y los familiares, pues se desconfiaba de la labor a la que se dedicaban vecinos y desconocidos; la vida se replegó en el espacio privado inmediato. (Moreno Zúñiga, 126)

De 1973 que empieza invasión de terrenos a 1976 que se crea el Frente Popular Tierra y Libertad, los posesionarios llevaron a cabo acciones diversas entre las cuales se puede destacar la realización de manifestaciones, mítines y plantones, todos ellos instrumentos de presión para obtener beneficios tales como la construcción de escuelas, centros de salud y mantenimiento de las tarifas de transporte. También hubo secuestros de autobuses y de unidades policíacas para responder a la represión. (Sánchez, 168)

El semanario Zeta señala que mil 100 empresas [en Monterrey] cerraron entre 2008 y 2012; una de las causas principales fue la extorsión de parte de los grupos delincuenciales. (Moreno Zúñiga, 126)

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Incluso, los mediadores de estos grandes proyectos constructivos se pueden presentar como programas alternativos exitosos. Tal y como fue el caso del Mercado de la Luz, cuyos organizadores cobraban piso por usar el espacio comunitario de una plaza pública como lo hace la delincuencia organizada y contaban el cuento de que se trataba de un proyecto para hacer ciudad, generar convivencia y ¡Recuperar el espacio público! Los coordinadores de este Mercado llegaron, incluso, a argumentar que su negocio aumentaba la plusvalía de la zona y formaba parte de un proyecto vanguardista de gentrificación, lo que sea que esto último signifique. (Cristobal y Nydia: 2016, [W] 02)

iv. del trabajo a la indigencia

polvo eres… y en concreto te convertirás

Las pedreras son tajos inmensos de los cerros, cuyo vientre roen las máquinas y te sacan piedra y grava y arena y qué sé yo.

El vientre del cerro se ahonda y dondequiera que ponga los ojos se alzará una pared imposible por la que bajan sin término silenciosos y casi invisibles y delgadísimos ríos de arena. Y el polvo aquél cae de lleno en Topo Chico y varias Fomerreis y otras colonias proletarias y también vuela y cae sobre la gente decente en el plan. Pero sería más fácil llevarse a Monterrey a otro lugar y no las pedreras. (Garibay: 1980, en Rangel, 232)

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construcciones abandonadas

La paralización de la construcción fue el principal generador de desempleo en estos años [principios de los ochenta]. Los primeros proyectos de las empresas en cancelarse fueron las construcciones, tanto de oficinas como de naves industriales y sus ampliaciones, bodegas, inclusive de vivienda obrera, de empleados o clubes.

Monterrey había vivido una fiebre de construcción tanto pública como privada: existían enormes proyectos de todos tipos como el de la Gran Plaza, el campus de la UdeM, entre otros.

Todo se paraliza súbitamente, algunas construcciones solo en cimientos y otras a punto de terminarse. Diez años después [a inicios de los noventa] todavía se pueden ver edificios que nunca se terminaron, industrias operando en naves semivacías y oficinas en obra negra. El corporativo ALFA, Los Soles, el Mol del Valle, fueron solo algunos ejemplos de la súbita paralización de la construcción. (Zapata, 116-117)

trabajo eventual y nómada

La rama económica de la construcción se caracteriza en México por los enormes volúmenes de contratación, lo acontecido en los años de 1982, 1983, 1984 representó lo peor para esta industria; los albañiles, “maistros” de todo tipo, plomeros, electricistas, pintores, carpinteros y traileros, no eran protegidos, salvo temporalmente, por el Seguro Social. Tampoco existen cifras o estadísticas de cuántos laboraron directa o indirectamente en ella, por lo que es imposible saber cuántos miles de personas se quedaron sin trabajo en Monterrey por la paralización de la construcción. Si bien los miembros de este gremio son del tipo transhumante (viajan siguiendo el trabajo) en México no había a dónde ir, las condiciones eran iguales a lo largo y ancho de la geografía nacional; salvo para los calificados, que son los menos, Estados Unidos representa una opción para migrar. (Zapata, 117)

una caravana invisible

La estadística de los desaparecidos es una manifestación elocuente de esas fuerzas oscuras e inanimadas que trabajan la entraña de la sociedad; es un caso precioso de la anomalía frecuente; ejemplo palmario de la evolución descendente –o ascendente, nadie sabe; por lo menos, de la evolución contraria, del progreso hacia lo anormal, hacia el milagro. Una caravana invisible desfila por nuestras calles sin que lo sepamos; un pueblo de nómadas, nos está abandonando constantemente, está huyendo nadie sabe adónde, no se sabe adónde.

Alfonso Reyes

1. entre el tráfico y el ruido

La presencia de los sin techo en las calles es una faceta de la vida urbana que se despliega entre el tráfico y el ruido. (García, 83)

La pérdida de un alojamiento propio no es más que una etapa más en el proceso de desinserción social del individuo. Ese recorrido de ruptura social está jalonado de múltiples y sucesivas rupturas a nivel individual, familiar y social (…) en este itinerario hay múltiples factores de tipo estructural y personal. Atendiendo a los primeros se puede citar: la insuficiencia de las políticas de vivienda y de empleo, el paro de larga duración, crisis de los modelos educativos, el fracaso de los valores sociales basados en el consumo, competitividad y de la insolidaridad. (Fundación San Martín de Porres, en García, 89)

2. resignificación y reuso del espacio público residual

Casas abandonadas, alcantarillas, lotes baldíos, puentes, estaciones y túneles del metro, “un indigente vive en otra cara de la ciudad, desechado”. (García, 42)

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Cartón, periódico, trapos, láminas y madera desechada son los materiales utilizados para producir construcciones que reviven las formas personales de tratamiento del espacio y que sintetizan las experiencias pasadas respecto a todo aquello que fue, en algún momento, la vida en casa. (García, 83)

3. invisibilidad y ceguera

Desde los carros nadie ve o quiere ver a estos vagabundos. Y ello no se debe a una mera invisibilidad ocular sino también al hecho de que en una ciudad como Monterrey, donde el primer gran reto de cada individuo constituye la consecusión y la conservación de un empleo como para asegurar la supervivencia, las personas que se observan imposibilitadas para el trabajo son mal vistas. Sobre este transfrondo simbólico, el Rube [cruce de las calles Ruiz Cortínez y Bernardo Reyes] es concebido por el imaginario común como una especie de basurero social: una parte aceptada de ese inevitable patio trasero de la ciudad. (García, 85)

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4. el hombre tecate

Los indigentes, los sin techo, son también los sin rostro. El hecho de que, en la zona metropolitana de Monterrey un indigente haya obtenido rostro gracias a que en 1996 se le ocurrió confeccionarse una “armadura”, disfraz, con latas (o lámina impresa con la marca) de Tecate llega a ser un irónico reflejo del desarrollo en esta ciudad que, al mismo tiempo que “produce” este tipo de vida precarizada y desplaza a sus habitantes hacia las calles; los “rescata” del anonimato a condición de ser reconocidos más que por sí mismos, por la marca del corporativo que “dio origen” a la ciudad.

iii. despojo urbano

el rapto del espacio público

1. un estorbo entre los poderes y la burocracia

Me acuerdo que (en los años cincuenta) en la carrera de arquitectura en el Tecnológico, analizamos la conexión de los dos palacios [el Municipal y el de gobierno Estatal] desde muchos años antes de que se hiciera la Macroplaza, y se veía una relación de flujo de personas que tenían que atender asuntos en estos lugares y que, por lo tanto, era una concentración impresionante de gente y de vehículos. Era poco práctico ir allá en aquél entonces. (Adán Lozano, en Casas, 166)

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2. limpieza social como pretexto

El centro de Monterrey, hasta hace tres años [1981], estaba convertido en una de las zonas urbanas más deprimidas y rezagadas de la metrópoli. Callejuelas angostas y tortuosas; añosos edificios adaptados como comercios, viviendas y talleres; antiestéticos anuncios; automóviles estacionados en las banquetas, y hasta un canal de drenaje abierto conocido como “el canalón”, que a trechos serpenteaba entre las casas, constituían la imagen del corazón de la ciudad. (Del Folleto publicitario oficial que justificaba la Macroplaza, en Casas, 185)

3. modernización = especulación

En 1984, bajo el gobierno de Alfonso Martínez Domínguez, se inaugura la Macroplaza (la cuarta más grande del mundo por su extensión) para “modernizar” el trazo de la ciudad y recuperar la zona centro de Monterrey. Con el argumento de que esa zona de la ciudad estaba muy deteriorada se demolieron 31 manzanas y 427 construcciones en su mayoría edificaciones del siglo XIX (en un espacio equivalente a 40 hectáreas) (Prieto: 2014, 65).

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Si bien el proyecto urbano es, a la fecha, ampliamente criticado, “el ambicioso programa incluía una oscura operación de especulación inmobiliaria, así como una velada intención de control estratégico de la plaza.” (Lupercio, [w 02], 2015)

A pesar de estas críticas, sus yerros estéticos y su fracaso para atraer a inversores privados a que construyeran grandes edificios para redelinear el perfil urbano del centro; por la carencia de otros espacios públicos “amigables”, la Macroplaza fue tomada por la población de las pauperizadas colonias cercanas y logró ser el centro de una amplia vida pública.

Este sacrificio del patrimonio arquitectónico tenía sus objetivos precisos: regenerar la zona al resignificarla como lo que hoy se conoce como un distrito bohemio. La invención del Barrio Antiguo –los alrededores de la Macroplaza se convirtieron en una zona de antros– que atrajo, en los noventa, a jóvenes de todos los sectores de la ciudad hacia el “consumo de experiencias”.

La Macroplaza fue la piedra angular de lo que, a principios del siglo XXI, sería el corredor Paseo Santa Lucía, un río artificial de más de 2 kilómetros de largo que la conecta con el Parque Fundidora que, a la quiebra de esta industria (1986) y el establecimiento del fideicomiso en que se cedía el espacio “al pueblo de Monterrey”, se vio sometido a un proceso de privatización y enajenamiento para convertirlo en una especie de parque temático. El Centro de exposiciones Cintermex, el Parque Plaza Sésamo, el Auditorio Banamex (antes Foro Coca-Cola), La Arena Monterrey, un hotel Holiday Inn, la pista de la serie Kart –por pocos años–, la pista de hielo Mabe, El Papalote, Museo del Niño, el Salón de la Fama de beis bol, son algunas de las marcas que se han establecido en este “espacio público”.

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En la Macroplaza se construyó el escenario de museos-hito. Además de los museos de Historia Mexicana, el del Noreste (MUNE), el más representativo es el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Ricardo Legorreta que, junto con el Faro del Comercio de Luis Barragán, definieron el otro polo de este corredor turístico.

La Macroplaza resignificó el espacio público hacia una zona propia para que floreciera la industria de la experiencia, a costa del patrimonio arquitectónico de la ciudad y del patrimonio simple de cientos de familias.

4. privatización de la historia

Solo como muestra de cómo el patrimonio arquitectónico y cultural fue capitalizado para el provecho privado de terceros, cito lo que Mauricio Fernández narra en el libro sobre su casa-museo, La Milarca

*

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Afortunadamente por esas fechas había muchísma madera disponible como resultado de la demolición de una gran cantidad de casas y edificios en el centro de Monterrey, hecha con el fin de construir el parque que más adelante conoceríamos como la Macroplaza. En gran cantidad de esas construcciones había madera con cien años o más de antigüedad y a precios sumamente accesibles. No recuerdo cuántas vigas compramos para construir piezas incompletas como el alero (del techo principal de la casa), marcos de puertas y ventanas; creo que con facilidad adquirimos –aproximadamente– unas mil vigas. Gracias a esto podemos decir que en el proyecto de La Milarca también sobrevive la historia de nuestro Monterrey antiguo. (en Prieto: 2014, 71)

el vacío urbano se llena con gente

1. analfabetas de la protesta

Los regiomontanos, después de toda una vida de ser guiados ideológica y públicamente por los empresarios, son analfabetas de la protesta. La calle solo la han utilizado para transitar en coche y para socializar.

*

La reacción después del triunfo electoral de Jorge Treviño [candidato del PRI a la gobernatura] fue espontánea e inusitada, sin convocatorias y sin organización se reunieron más de treinta mil personas para mostrar su repudio a la afrenta de la cual fueron víctimas. Las marchas de 1985 fueron totalmente espontáneas al grado que los mismos panistas que convocaban, fueron desbordados por la multitud. La recién inaugurada Gran Plaza se estrenó con estas manifestaciones, todo terminó en una refriega con varios golpeados por ambos lados. Lo único bueno de esa jornada, fue que los regiomontanos gritaron, protestaron, mentaron madres y marcharon hasta que se cansaron. Una catársis colectiva muy necesaria para esta población cansada, pauperizada debido a la crisis económica y por último, violentada inútilmente. Ya externada la agresión, los regios indiferentemente aceptaron el nuevo estado de cosas. (Zapata, 127)

2. pasividad y bienestar

Los despidos masivos en las empresas de Monterrey [por las crisis de los ochenta] generaron poca resistencia. No hubo huelgas masivas ni manifestaciones de cientos de miles de personas, ni marchas ni mítines políticos. Hay quienes interpretan este fenómeno como un índice de la presencia de “una población muy golpeada por el pinche capital”, como mis amigos de izquierda acostumbran decir. Sin duda, esto habrá ocurrido en muchos sectores, pero hay más que eso, la gente aceptaba calmadamente, recibía su indemnización, encontraban trabajo en otras empresas, o mejor aún, iniciaban un pequeño comercio o taller independiente. (Vallinga, 190-191, en Zapata, 125)

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3. militancia y venganza

Después de todo los 7 mil trabajadores [de Fundidora] habían producido niveles récord de acero apenas un año antes [del cierre de la planta]. Cualquiera que fuese la causa, los trabajadores del acero desempleados sufrieron a continuación la “venganza” de la élite por la cultura de militancia [sindical] de la que tan orgullosos se sentían. Las políticas restrictivas de contratación que adoptaron los industriales en los años treinta volvieron a amenazar a los “hombres de acero”. Para finales de los ochenta, las empresas no sindicalizadas habían detectado y despedido a los pocos trabajadores del acero que se las arreglaron para “evadir” su lista negra. Muchos recurrieron al autoempleo; otros se unieron a la masa de mexicanos que emigraron a los Estados Unidos. Unos pocos se suicidaron. Entretanto, sus familias lucharon para superar su pérdida de altos salarios, prestaciones y escuelas de la empresa que habían significado seguridad a generaciones de trabajadores del acero. (Snodgrass, 393)


ii. asentamientos espontáneos

fragmentación de la ciudad

Rasgos del crecimiento metropolitano en los sesenta

a) Expansión habitacional horizontal, preponderantemente popular, dispersa en todas direcciones.

b) Consolidación de la conurbación, y proletarización de las cabeceras municipales vecinas.

c) Segregación social, geográfica y económica de la población, con zonas periféricas poco atractivas o industrializadas, mal comunicadas y peor equipadas para clases bajas.

d) Continuación de la especulación urbana mediante grandes baldíos intermedios, con mayor plusvalía por la obra pública y con insignificante cargo fiscal.

e) Concentración vertical creciente de comercio y servicios en el centro del primer cuadro; “recuperación” paulatina de esas áreas decadentes, al enviar a sus pobladores a la periferia.

f) Proliferación del fenómeno de paracaidismo o invasión ilegal de tierras urbanas para colonos pobres, marginados del mercado libre de terrenos.

g) Aparición de los primeros subcentros comerciales y de servicio en las zonas periféricas de altos ingresos (Valle, Anáhuac, Tecnológico, Linda Vista), en contraste con la casi total carencia de ellos en las zonas periféricas populares, las cuales siguen dependiendo para todo del gran centro de Monterrey. (García Ortega 43 y s.)

asentamientos humanos espontáneos

1. paralelo al desarrollo

En 1928 fue invadida la colonia El Pozo, territorio urbano propiedad de la Cervecería Cuauhtémoc. En los años cincuenta, en acción homologable, la colonia Garza Nieto declara la suspensión de pagos de renta y fue desde ese entonces una colonia de posesionarios. También por esos tiempos se registró la primera invasión en el cerro de la Loma Larga. (Sánchez, 166)

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Para 1967 habitaban en el área metropolitana de Monterrey 10 mil familias de las cuales 95 por ciento eran de composición rural: y a mediados de los setenta había 300 mil habitantes de origen rural (alrededor de 30 por ciento de la población), de los cuales 36 por ciento estaba desempleado o subempleado. Agréguese a lo anterior que los empleos eran por lo general inestables y mal remunerados, producto de la competencia generada por la abundante fuerza de trabajo. Así se fue generando la crisis que se volvió causa de asentamientos humanos espontáneos, dada la enorme dificultad de conseguir vivienda. (Sánchez, 163)

2. uso político

El crecimiento de la ciudad sigue, de manera descontrolada, generando ámbitos urbanos en lugares inhóspitos, poco propicios para la edificación, generalmente obtenidos a partir de la ocupación ilegal de los predios, regularmente por grupos de inmigrantes, apoyados por algún líder político del cual resultan ser “una fuerza social” en épocas electorales. (García, 143)

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3. resurgiendo de entre la basura

La zona noreste de Monterrey, antigua comunidad de San Bernabé, Topo Chico, sede de los más antiguos tiraderos de basura, terrenos de aridez extrema y condiciones que llevarían a suponer que nadie reclamaría derechos de propiedad, se convirtió en la zona en la que se produjeron la mayoría de las invasiones, y como derivación de ello las diferentes formas de lucha para preservar los asentamientos y hacerlos habitables, con servicios sanitarios, agua, luz, electricidad, transporte y educación. (Sánchez, 167)

4. empezar con un block

Cuando llegamos, en septiembre del 71 al cerro de La Campana, no era nada. Estaba solo. Esto era un arroyo. El primer block lo cargamos desde allá, de la calle. Mucha gente nos decía, no pongas block, pon lámina. No nos van a dejar aquí mucho tiempo. Como siempre he vivido de renta, si un año me dejan, un año me ahorro. Pasaron cinco o diez años y nadie brincó. Yo ya tenía mi casa pero toda machucada.

No todas las casas están escrituradas. Yo les digo que escrituren, pero no quieren batallar. Hay personas que se meten, pero cuando saben cómo está el brinco, ya no siguen. Yo fui con los líderes, ellos eran los que hablaban. Uno nomás va acompañando. Hay que ir un día y el día siguiente, si te dicen. Nosotros ahí estábamos. Unos estaban al frente y nosotros atacando. ¿Qué hay que dar dinero?, pues dale pa la soda. No pal gobierno. Allá no te dan de comer. Allá tienes que esperarte hasta que llegue la hora. Para esas citas no vas tú nomas. Tú llevas una colonia, yo llevo otra, vamos varios. Y si llevas 10 y yo 10, no vamos a pasar todos. Nomás uno o dos. Y si te dicen que mañana, pos mañana igual. Ahora nadie quiere hacer eso. En ese tiempo eran unos 5 o 10 viejos que estaban al frente y todos ayudábamos con interés de esto. Ahora no hay interés de nada. Todos los que fuimos, tenemos escrituras. (Entrevista a Don Santos, [W – 07]

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5. luchar por el barrio

Es importante mencionar que la forma misma de apropiación de la tierra en las partes altas de la loma [larga] ha determinado aparentemente cierto rasgo básico de violencia, pues los terrenos son “tomados” y defendidos de esta forma contra los dueños legítimos o autoridades policíacas, judiciales, municipales o estatales. Hay entonces una característica básica de origen en la personalidad de los posesionarios: su capacidad de luchar de forma directa, a través incluso de la agresión física, para defender su barrio, su vivienda. (García, 146)

6. buscar un espacio

En los últimos años de la década de los sesenta y a lo largo de la siguiente, estudiantes y maestros universitarios, trabajadores sindicalizados y campesinos que migraron a la ciudad, bajo formas de organización concretas –algunos de carácter duradero y otras transitorias–, emprendieron acciones políticas en aras de la democratización pública, del fortalecimiento de organizaciones sindicales y de la satisfacción de sus demandas por contar con empleos, vivienda y servicios dignos. (Sánchez, 149)

¿vivir mejor con menos?

Escultura urbana en la periferia de Monterrey, 2003-2006, pieza del colectivo tercerunquinto.

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En los límites de la ciudad, en un asentamiento urbano ilegal que carecía de servicios básicos y, en cierta medida, aprovechando la fisura legal que dichos asentamientos provocaban, el colectivo construyó una plataforma de concreto de 50 metros cuadrados. La mitad de la plataforma estaba en terrenos invadidos y la otra mitad estaba en tierra abierta, en la zona que correspondería al espacio público. tercerunquinto colocó –depositó es en verdad la palabra que la imagen de registro sugiere– dicha plancha y se retiró a esperar.

Era un espacio no definido en cuanto a su función. Un espacio maleable, que pronto se convirtió en tarima, escenario, púlpito, cancha deportiva, gracias a las acciones de los vecinos, quienes fueron cargando de sentidos y definiéndolo desde su uso. “La gente empezó a usar la pieza como un foro o una plaza y las actividades que realizaron; que incluyeron fiestas, distribución de comida y medicina, encuentros religiosos y políticos, y torneos deportivos; fueron las que definieron el lugar”, explican los artistas. (Carrión, 96-98)

Más de diez años después, dentro de la XII Bienal FEMSA 2017, Poéticas del decrecimiento, ¿Cómo vivir mejor con menos?, el colectivo tercerunquinto realiza un proyecto que recuerda al de hace quince años, Obra inconclusa. Su proyecto, Riberas del Río (Manzana 3, lote 4) utiliza el monto que se le comisionó para proporcionarle a la persona que vive en ese predio los materiales necesarios para que pueda terminar de construir su casa. Durante el periodo de exposición de la Bienal, en una sala de la Nave Generadores del Parque Fundidora se expusieron estos materiales (costales de cemento, puertas, grava, cajas de mosaicos, ladrillo…).

«La materialización (…) de la modesta construcción ubicada en una de las periferias sociales y urbanas de la ciudad y, por ende, la que tercerunquinto ha concebido para este evento institucional de arte, no estará resuelta hasta que concluya la exhibición pública de la XII Bienal FEMSA. De esta manera la exposición y el tiempo asignado a ella, se reservan la solución a un problema económico y social.» (Cédula de sala que acompañó a la pieza).

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Después de haber experimentado y abierto las cualidades de lo público, en el proyecto de hace más de una década, ese retomar ahora la dimensión no solo de lo privado, sino de lo individual (unifamiliar), ¿no es una forma de ceder ante los esquemas estándares del capital: programa de paternalismo de los empresarios regiomontanos de inicios de siglo XX en el que prometía dotar de una casa propia a cada empleado, del fallido modelo gubernamental de vivienda social?

¿Se analizaron las consecuencias ideológicas –funcionales, incluso– de ese giro de tuerca de un proyecto en espacio público que hace más de diez años funcionó, al volverlo un proyecto meramente “conceptual” dentro de un espacio museográfico y con un fin privado?

4. Una placa de concreto

desarrollo, movimientos sociales y conciencia petrificada

Monterrey, su alma de cemento encajonada.

Ricardo Garibay

Las obras de rehabilitación del espacio urbano son un claro ejemplo del poder y la ideología de la clase dominante.

Rebeca Moreno Zúñiga

La Macroplaza simboliza el fin explosivo de la modernidad dura que en su agonía hizo uso inusitado de violencia, como si para morir hubiera tenido antes que demostrar todo lo que habría sido capaz de hacer con esta ciudad si hubiera tenido más tiempo: “el fanatismo del progreso es siempre terrorista”.

Juan Manuel Casas García

entre el polvo y las montañas

Monterrey se define –desde su origen– entre la solidez y el flujo. Entre las montañas y el río que se cuela en el cauce que ellas ceden.

El flujo de agua fue sustituido por uno de coches, por el flujo migratorio que se solidifica en la poca participación ciudadana.

La solidez de las montañas, por la transfiguración en polvo, poco a poco se convierte en edificios que simulan su permanencia convertida en ciudad.

Ese vaivén entre flujo automotriz y solidez inmobiliaria permite y fomenta el desarrollo del capital dejando azorados, ante la grandeza y la indiferencia, a sus habitantes.

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i. manifestaciones obedientes

no es protesta, es ligue

Las diversiones estaban en las calles, igual que hoy en día, la principal era la serenata de la plaza Zaragoza. Dice el Sr. Tony Pena que cuando llegó por primera vez a Monterrey (es originario de Niágara Falls) se hospedó en el Hotel Ancira y que en una de las primeras noches que vio mucha gente que se iba juntando y oyó mucho ruido, creyó que era una manifestación o una protesta y se acercó. Relata que, para él, es un recuerdo imborrable el espectáculo precioso de muchachos y muchachas dando la vuelta a la plaza. (Zapata, 28)

paternalismo empresarial y neutralización del derecho a disentir

1. mejor pónganse a jalar

En su segunda fase, el paternalismo fue de naturaleza defensiva. Buscaba distraer a los trabajadores de las tentaciones políticas que les presentaban las varias formas de movimientos laborales, los sindicatos o el socialismo. La actitud de la burguesía industrial alemana después de 1870 es muy característica a este respecto: sus actitudes con los trabajadores surgieron de un temor al socialismo. Al dirigirse a sus empleados en 1877, Krupp hizo patente un sentimiento que prevalecía en su clase: “Disfruten lo que se les da para que lo disfruten. Descansen, cuando su trabajo haya terminado, en compañía de sus seres queridos, los padres, la mujer, los hijos… En cuanto a la política… evítense esa preocupación. Involucrarse en la política requiere más tiempo y experiencia de lo que un trabajador suele tener.” (Berigier: 436, en Saragoza, 125)

Las políticas paternalistas tomaron mayor importancia y sirvieron para proteger a los patrones de las protestas laborales. Así, lo que comenzó como un método para mantener una fuerza laboral confiable y maleable, se convirtió en un medio efectivo para minar la organización independiente de los trabajadores. (Saragoza, 126)

2. alianza empleado-patrón es nacionalismo

Huelgas, boicots, marchas y otras acciones laborales minaban la reconstrucción económica nacional, según la nueva filosofía empresarial regiomontana. La unión entre patrones y empleados, decían los empresarios, proporcionaba el mejor medio para impulsar la recuperación económica [en el periodo posrevolucionario]. La cooperación entre clases se volvió una manifestación del nacionalismo, una contribución al bienestar colectivo del país. (Saragoza, 193)

3. continuidad del paternalismo, ahora en conciencia urbana

Los vecinos tienen toda la capacidad, sin embargo, apenas están desarrollando el músculo participativo, porque históricamente no se les invitaba a participar y había más temas asistenciales, explica Cordelia Portilla, jefa de responsabilidad social de FEMSA Comercio. (Gabriela Villegas, El Norte, 19 julio 2015)

privatización de las manifestaciones

Durante mucho tiempo la idea de manifestación pública, política, fue “privatizada” por los empresarios. Desde la represión de la manifestación en oposición en el periodo de Bernardo Reyes, hasta las multitudinarias manifestaciones contra la Ley Federal del Trabajo de Lázaro Cárdenas, o contra el Libro de Texto Gratuito, fueron los empresarios los que dictaban cuándo, o cuándo no, era legítimo tomar la calle.

*

En 1922 por un cabildeo de los sindicatos, se estableció en Nuevo León la ley seca dominical, día en que los trabajadores consumían más cerveza. En respuesta, la Sociedad Cuauhtémoc y Famosa (SCYF) movilizó a cientos de trabajadores de la Cuauhtémoc y sus familias para manifestarse frente al Palacio de Gobierno. Junto con los empresarios y dueños de cantinas, los trabajadores reclamaron que la ley seca amenazaba sus trabajos y el bienestar de sus familias. (Snodgrass, 95)

[En 1924] los despidos punitivos provocaron la primera huelga registrada en la historia de Cuauhtémoc. El gobernador de Nuevo León extendió su apoyo verbal a los trabajadores sindicalizados y ordenó a la cervecería que recontratara a los despedidos. La administración se rehusó. A las dos horas, el sindicato organizó un piquete frente a la planta. Exigieron la reinstalación de todos los miembros del sindicato y la libertad de sus dos líderes encarcelados. A medida que los trabajadores del piquete y sus simpatizantes de la comunidad rodeaban la cervecería, los activistas de la SCYF [Sociedad Cuauhtémoc y Famosa] de nuevo movilizaron a sus obreros para marchar al Palacio de Gobierno y protestar.

También telegrafiaron al presidente Obregón que “elementos externos han intentado impedir nuestro derecho de trabajar mediante un uso escandaloso de la fuerza”. El presidente aprobó el empleo de tropas para dispersar los piquetes cuando una autoridad militar local confirmó que “una minoría de trabajadores inconformes había cerrado la fábrica”. Los huelguistas fueron dispersados y el trabajo se reanudó. Por segunda vez en seis años, los directores de la cervecería se habían desistido al impulso sindical despidiendo punitivamente a los líderes del movimiento. (Snodgrass, 96)

¿todas las clases sociales unidas contra el gobierno?

1936. Los empresarios se manifiestan contra Lázaro Cárdenas por apoyar la huelga en Vidriera Monterrey y contra la declaración de la junta laboral de anular el sindicato blanco para mantener la huelga.

*

El 5 de febrero, una multitud vitoreante de cerca de 60 mil personas marchó al Palacio de Gobierno, gritando “mueran los comunistas” y frases similares. La violencia parecía inminente, y las tropas federales fueron llamadas para mantener el orden. La enorme manifestación también desencadenó marchas similares contra el gobierno en Torreón, León, Mérida, Puebla y el Distrito Federal: otra demostración de la potente influencia de los regiomontanos. Luego, en la mañana del 6 de febrero, un silencio ominoso prevaleció cuando las tiendas, bancos y fábricas permanecieron cerradas. La ágil movilización de los empresarios indicó la extensión y efectividad de su influencia, y el significado que le daban a la huelga. El paro virtualmente paralizó la ciudad; el dominio de los capitalistas regiomontanos se había reafirmado: habían respondido al reto presidencial. Cárdenas se vio forzado a contestar: el viaje a Monterrey debía hacerse. (Saragoza, 15)

1962. Manifestación contra el Libro de Texto Gratuito.

Con mucho tiempo, apoyos y recursos se planeó la manifestación de rechazo al texto gratuito que tuvo lugar en 2 de febrero de 1962. Para tener una idea de la magnitud provocada por esta organización hay que recordar que el censo de 1960 arrojó 550,000 habitantes, por lo que una manifestación de 350,000 implicaba la movilización total de la población. En los periódicos de todo el país aparecieron fotografías de esa multitudinaria manifestación, la más grande de la post-guerra. En las comunidades del centro y sur del país no se entendió el fenómeno, ¿por qué los reaccionarios regiomontanos se oponían a que se les regalaran libros a los niños de las escuelas? Así se manejó por la prensa. Para los círculos políticos el mensaje fue claro: Monterrey no iba a ser víctima pasiva de experimentos exóticos de los pensadores de “avanzada” del centro o de cualquier otra parte. (Zapata, 85)

iv. desplazamiento y subjetividad

la mirada pública en los medios

La producción de subjetividad que se da en lo social a través del capital, del consumo, en la plaza comercial, se desmaterializa al transformarse en imagen, a través de los medios.

Como una etapa más de la convivencia social, igual que los encuentros comunitarios pasan del espacio público al privado en las plazas comerciales, se da un traslado de la función de las páginas de sociales de los periódicos locales (particularmente en El Norte): de ser espacios públicos de distinción, estilo de vida y eventos, pasan a ser espacios comerciales.

Los suplementos sociales logran su autonomía del cuerpo del periódico gracias a que ellos representan un atractivo particular para anunciantes y una alta rentabilidad para el periódico, pues están dirigidos a un grupo con alto nivel adquisitivo que basa en el consumo su distinción.

El primer suplemento social, el Sierra Madre del periódico El Norte, inició en 1975 con la tendencia de distinguir a un grupo social de los demás, tanto por su nivel de ingreso como por su relación territorial pues estaba dedicado a la reseña social sólo de un sector residencial de la ciudad: Garza García, el municipio más rico de Latinoamérica.

Esta distinción, esta discriminación, era tan tajante que provocó, más que el rechazo, el deseo. Aunque solo reseñaba a un sector de la sociedad, este suplemento era buscado y visto por todos los suscriptores del periódico.

Pero tan pronto se descubre el potencial comercial de estos suplementos, el modelo se reproduce y expande poco a poco hacia otras zonas de la ciudad de clase alta y media alta (La Silla para el sector Contry, Anáhuac para San Nicolás, Cumbres para el sector Cumbres, Linda Vista, para el sector Guadalupe).

En 1991 un diario del sur de Texas, en un artículo que retrataba el estilo de vida en este municipio, no sin ironía, decía

«Del Valle’s conspicuous consumers record their lives in a neighborhood press that is unrivaled in the field of society reporting. It is Sierra Madre, a rotogravure section published as a suburban supplement to the Monterrey daily El Norte. The thrice-­‐weekly tabloid section averages more than 1,200 pages a month of weddings, anniversaries, quinceañeras, and “baby showers”—the English phrase is always used—and also serves as a guide to services that you can’t buy in the States, such as home delivery of hamburgers. If the son or daughter of a San Pedro magnate sets up a lemonade stand in the summertime, you’ll see and read about it in Sierra Madre, where the kid’s infant baptism was undoubtedly also chronicled in picture and story.

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Esta comercialización de los suplementos sociales, al mismo tiempo que desmaterializa/desterritorializa las relaciones sociales, rompe la antigua función de distinción social de las páginas sociales, pues su consumo tiene una función más horizontal, más amplia.

Esta tendencia hacia ampliar, en vez de distinguir, los sectores sociales más como diversificación de mercado, se ve en los últimos veinticinco años, pues lo que era un solo suplemento, se vuelve una opción zonificada y de acuerdo a diferentes grupos de edad.

En la primera década del 2000, surgen las versiones: joven, teen y junior enfocadas a jóvenes, adolescentes y niños respectivamente.

Además, con las versiones enfocadas a las universidades (Club Tec y Club Uni), se rompe la segmentación de las zonas residenciales y de grupo de edad para abarcar sectores de jóvenes más amplios sólo distinguido por el hecho de ser estudiantes.

En el auge de los suplementos sociales este periódico llegó a editar semanalmente trece.

Este cambio implica una rearticulación en el proceso identitario: de buscar su identidad en el arraigo a una relación comunitaria (la pertenencia a una clase) y territorializada (mi barrio, mi colonia), a buscarla en un espacio desterritorializado (el suplemento, la nueva esfera pública mediática) para reafirmar su apego, arraigo a un grupo social más amplio y global.

García Canclini apunta, «el sentido cultural de una sociedad se organiza cada vez menos en las novelas que en las telenovelas, no tanto en las universidades como en la publicidad. Y los políticos, que en otro tiempo decían tener una respuesta acerca de para qué vale la pena estar juntos, han dejado que esas cuestiones sean respondidas por los creativos publicitarios y los inversores.» (2004: 172)

A la fecha el periódico El Norte cuenta con siete distintos suplementos sociales que edita semanalmente: 5 los viernes que corresponden a distintas zonas, dirigidos a la población adulta; los jueves, dedicado al estilo de vida de la zona de Garza García, GP (Gustos y Placeres) y uno los domingos Red Carpet, destacando lo mejor de los eventos de la semana. Además edita trimestralmente 2 ediciones de Podium, suplemento social para el área de negocios.

En los suplementos sociales, al igual que en las plazas comerciales, se funden y confunden las relaciones sociales y económicas.

Primero porque el número de páginas (entre 60 y 120 dependiendo de la popularidad del suplemento) dedicadas a los eventos sociales reseñados (bodas, despedidas de soltera, reuniones de amigos, inauguraciones de exposiciones, conciertos o actos de beneficencia) y las dedicadas a publicidad son similares.

Además los eventos reseñados frecuentemente coinciden con los lugares o eventos publicitados (reuniones en restaurantes, en conciertos o en escuelas que se publicitan en las mismas páginas), y los bienes y servicios publicitados en sus páginas, son regularmente consumidos y mostrados por aquellas personas que aparecen en estos suplementos (coches, joyería, desarrollos inmobiliarios, casas de decoración, tiendas de accesorios).

diseño de juventud

En la esfera pública de los suplementos sociales se evidencia la globalización del diseño estético en el momento en el que testificamos la homogeneización no sólo en esa superficie que es la moda en la vestimenta, los accesorios y los cortes de cabello, sino que se da una homogeneización más profunda cuando se trata de la debida a la cirugía plástica reproduciendo los cuerpos y los rostros sin importar las distinciones sociales, como lo comenta Hal Foster

«el diseño es cómplice de un circuito casi perfecto de producción y consumo […] abarca muchas empresas diferentes (desde Martha Stewart hasta Microsoft) y penetra en varios grupos sociales. Pues hoy en día uno no necesita ser asquerosamente rico para ser proyectado no sólo como diseñador sino como diseñado, sea el producto en cuestión la casa de uno o su negocio, sus mejillas caídas (cirugía estética) o su personalidad retraída (drogas de diseño), su memoria histórica (museos de diseño) o su futuro ADN (niños de diseño).» (18)

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Los suplementos sociales conjuntan la transacción comercial, el consumo, el diseño, la imagen de los medios de modo que se convierten en las nuevas formas de interacción social y no sólo en sus plataformas, sino que estas formas “terciarizadas” de la conformación de sociedad tienen su correlato en las redes de información.

Las relaciones sociales son convertidas en retratos dentro de los suplementos sociales, y es en esta enajenada representación donde se forman los sujetos sociales.

¿desarticulación de las subjetividades?

Los ideales modernos de democratizar el acceso a los bienes y servicios, universalizar los derechos y construir formas racionales de convivencia en un espacio público regulado según intereses de las mayorías, se diluyen en ciudades desarticuladas y cada vez más inseguras.

Nestor García Canclini

La desarticulación de los constructos sociales que enarbola la modernidad se evidencia cuando, entre la imagen de la juventud creada por los suplementos sociales (jóvenes diseñados de acuerdo a una tendencia global) y las páginas de denuncia (Primera plana, Local, Seguridad Pública), hay líneas de contacto, porosidades que evidencian las consecuencias del modelo de desarrollo del capital.

En los primeros años del siglo XXI el modelo de subjetividad basado en la imagen-­consumo-diseño-suplemento social ha presentado grietas, manifestaciones críticas: los crímenes regularmente asociados a las clases bajas, ahora son cometidos por estos jóvenes de la clase media alta, estudiantes, de imagen globalizada, viviendo en zonas residenciales.

Aunque pudieran ser considerados “la excepción que confirma la regla”, estos casos se convierten en el paradigma que evidencia el fracaso del proyecto de subjetivación que conlleva este establecer las relaciones sociales en espacios de capital.

Los asesinatos cometidos por Diego Santoy Riverol y Julio Castrillón Escobar o el secuestro perpetrado por la estudiante de la UdeM, Myrna Judith Zainos generan un efecto mediático (capitalización voraz de los medios en ratings asociados al escándalo, respuesta masificada de otros jóvenes al declararse fans o la justificación general de ubicarlos en un esquema de excepción) que termina por ser capitalizado por los corporativos que han vuelto a la imagen su forma de acumulación de capital: el Grupo Reforma, Milenio Diario, Televisa Monterrey. Este modelo de noticias espectacularizadas, por momentos, forma parte, igual de redituable, de la producción masiva de subjetividad que se da a través de los suplementos sociales.

el terreno como marca

A finales del siglo XX, se dio un desplazamiento del espacio social abierto a la mirada de los otros, desplazamiento de una exclusividad y una territorialidad específica: de San Pedro Garza García a otros municipios a través de los suplementos sociales.

A principios del siglo XXI se da un desplazamiento a través de la resimbolización en el espacio territorial por la extensión de la marca “Valle” (colonia insignia del municipio de San Pedro) para su racapitalización en desarrollo inmobiliario.

El espacio exclusivo y limitado de la Colonia del Valle, en el municipio de San Pedro, se desplaza hacia los municipios vecinos de Monterrey y Santa Catarina para, al extender su estilo de vida, recapitalizar estos nuevos desarrollos. La “invención” de Valle Oriente y Valle Poniente es el mecanismo para esta resignificación.

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Mientras en el caso Valle Oriente (hacia Monterrey), esta recapitalización está ligada a esquemas tradicionales de desarrollo –centros comerciales, edificios de oficinas y de usos mixtos, hoteles y restoranes–; en el caso de Valle Poniente (hacia Santa Catarina) se ancla –caso característico de este capitalismo cognitivo– principalmente a la educación, se crea un distrito de escuelas privadas –Campus UdeM, Prepa del Tec, Colegio Americano, Universidad Libre de Derecho, CEDIM, Colegio Sierra Madre– que detonan el desarrollo comercial e inmobiliario de la zona.

v. lo único constante es el capital

la torre de babel

Los espacios públicos –reales o mediáticos– se convierten en pequeñas torres de babel del capital. Lugares que reúnen, en sitios privilegiados de la ciudad, a diversos grupos de personas, con distintas formaciones para hacerlas hablar un solo lenguaje, el de la imagen capitalizada.

Estos espacios públicos –plazas, centros comerciales, edificios icónicos, suplementos sociales, colonias resignificadas– son una torre de babel que se derrumba y autoconstruye permanentemente para mantener activo el flujo del capital.

iii. ciudad imagen del deseo

en la plaza se cultivan relaciones

Estaba la Quinta Calderón como antaño en domingo, pletórica de jóvenes, horteras, estudiantes, obreros, costureritas, todos limpios y en su mejor traje, se paseaban bajo los árboles, bailaban, bebían cerveza, comían nieve o frutas. Había unos caballitos siberianos, enanos, para pasear a los niños; había columpios; en una palabra: un bello lugar de recreo para grandes y chicos. (Encarnación Brondo Whitt: 1937, en Rangel, 131)

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Al aumentar la población y multiplicarse los “tempranillos” [adolescentes], la plaza Zaragoza ha resultado insuficiente a contener su disposición premiosa a cumplir el rito de sus serenatas. Las autoridades han pensado entonces, en ampliar la plaza Zaragoza, porque, en realidad, su única alternativa estriba en reducir la natalidad, por mucho que también dispusiera del camino intermedio de dejar que muriera, por congestión, la costumbre de la serenata de la plaza Zaragoza.

Frente a la incuria en que se mantienen los jardines públicos, una vez hermosos, de Monterrey –incuria de la que ciertamente no tienen la culpa sus puntuales contribuyentes, sino sus voraces ayuntamientos, uno de los cuales llegó a contar con sesenta jardineros en sus nóminas, y únicamente a veinte con la escoba o la manguera en la mano–, es confortante ver que ya se haya publicado la convocatoria para el concurso de proyecto de ampliación de una plaza Zaragoza, cuya vida y cuya promesa está más en sus botones humanos que en su descuidada vegetación. (Novo: 1943, en Rangel, 153-­‐154)

En la plaza principal, miles de muchachas casaderas paseaban el domingo en la noche, y sus ojos parecían invitaciones al lecho, y les hablábamos, y las llevábamos a las calles oscuras, y nos perturbaba el secreto de su virginidad. (Georges Londeix, La disgrâce, 1964, en Rangel, 220)

Los regiomontanos somos extrovertidos, alegres y agorafílicos. La vida social principalmente se hacía en la calle; la plaza Zaragoza era en los sesenta [un] paseo popular; la clase media y alta iba a la plaza de la Purísima, luego al “Drive Inn Los Pinos” para dar la vuelta en carro y ver a gente “conocida”, misma que iba en tropel al Sanborns de Morelos los domingos por la tarde. (Zapata, 87)

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Íbamos a tomar café a un snack al pie de una iglesia de concreto [la Purísima], cuyos ángulos estilizados de la fachada danzaban los aires de la moda. ¡Dios, era moderna tu iglesia con su cruz luminosa suspendida en la noche, en el cielo, y su torre emergiendo del suelo, sola y desnuda, y su nave como un hall de aeródromo, el domingo en la misa de doce! (Georges Londeix, La disgrâce, 1964, en Rangel, 221)

A fines de esa década [los sesenta] empiezan a generarse algunos cambios. En el baile del Centenario del Casino se presentan las primeras extravagancias. Los jóvenes “conocidos” dejan en masa la plaza de La Purísima, empezando un eterno peregrinaje para no mezclarse socialmente. Primero fueron Las Pizzas, luego el Kiosco, el Centrito y actualmente [a inicio de los noventa] en la calle Roberto Garza Sada, sustitutos poco auténticos de una plaza regiomontana. (Zapata, 89)

descentramiento y privatización de las relaciones sociales

A mediados de los ochenta, los moles suplantaron al centro como una primera oleada de desarrollo suburbano.

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Paralelo al fenómeno de ordenamiento del espacio público de la Macroplaza, a inicio de los ochenta, el desarrollo de la ciudad se une al desarrollo de plazas comerciales que busca la autonomía de las zonas periféricas de Monterrey (Mol del Valle, Galerías Monterrey; Plaza San Pedro; Plaza Fiesta San Agustín…) y genera un desplazamiento del territorio público, al privado como espacio de las relaciones sociales.

Esto favorece el traslado del espacio de convivencia de la plaza pública, a la plaza comercial, apoyado por dos dispositivos que facilitan los tránsitos: las escaleras eléctricas y el aire acondicionado, dice Hal Foster, “el nexo entre la escalera mecánica y el aire acondicionado ayudó a llenar los suburbios de comercios, por así decir, y a hacer a éstos semiautónomos.” (55).

Las plazas comerciales enfatizan la relación económica ya que contribuyen al desarrollo de la ciudad y también a la transición de los ciudadanos en consumidores.

A la par de la transformación en las formas de producción de los corporativos de la ciudad, de su terciarización, las relaciones sociales se impregnan de esta relación de capital, como lo menciona Michael Hartd

«La producción se ha convertido en un proceso comunicativo, afectivo y desinstrumentalizado y ha sido “elevado” a la categoría de relaciones humanas, pero, por supuesto, relaciones humanas que se desarrollan dentro del capital y están dominadas por éste. En la producción y reproducción de afectos, dentro de aquellas redes de cultura y comunicación, se producen las subjetividades colectivas dando lugar a lo social, incluso si ambas pueden ser directamente explotadas por el capital.»

la ciudad como imagen

La arquitectura es, cada vez más, información desmaterializada y, cada vez menos, sólida estructura tipológica.

Josep María Montaner

El proyecto de la Macroplaza se caracteriza por el cambio de la intención de la obra pública, de estar encaminada al mejor funcionamiento de la vida pública (Carta de Atenas), a cierta tendencia a la privatización del desarrollo urbano, “el objetivo de la obra pública era proyectar la ‘imagen de progreso’ con impacto político, no siempre social, amén de ser frecuentemente el medio para la realización de negocios ventajosos entre algunas autoridades y ciertos empresarios de la industria de la construcción.” (García Ortega, 63).

En el contexto de la más marcada crisis económica, el gobierno estatal emprende un programa de inversión en la regeneración urbana y reactivación económica. Este es el primer paso de un proyecto urbano en el que, paralelo al rescate de la planta productiva de la localidad por parte del estado federal, se prepara el terreno para la inserción de la ciudad en los mercados globales en base a la terciarización de la economía, lo que produce una “terciarización” de la arquitectura «eliminando funciones comerciales y de servicios ‘no gratos’ o de bajo nivel, así como áreas habitacionales populares decadentes, dichos grupos buscaron concretar en las zonas recuperadas funciones económicas terciarias, administrativas, comerciales, de servicio, turísticas culturales y recreativas, de mejor imagen y más alto nivel.» (García Ortega, 61)

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Si bien el espíritu aparente de la Macroplaza es generar un espacio de convivencia pública en el cual se ligan, por mediación de una plaza, los poderes públicos el Palacio de Gobierno y el Municipal y el edificio de Palacio Legislativo, construido como parte del proyecto; y un espacio de convivencia pública, el Teatro de la Ciudad (ambos edificios del arquitecto Óscar Bulnes), ya fincado en el corazón mismo de la plaza se instituye la primera manifestación de esta arquitectura insignia que relaciona la imagen y el capital con un “monumento privado”: el Faro del Comercio (1984) diseñado por Luis Barragán y Raúl Ferrara.

Por otro lado, los edificios corporativos construidos en estos años no competían con el perfil urbano debido a que, por seguridad, se construían alejados de las calles, fuertemente cubiertos por muros y rodeados de amplias áreas verdes. Característicos son los edificios corporativos de ALFA o VITRO, construidos en San Pedro Garza García. Por esta razón la arquitectura insignia de los ochenta y noventa en Monterrey no es la corporativa, sino la relacionada con la educación y la cultura, cara pública y de beneficio social de los corporativos que la patrocinan.

Desde el cilindro inclinado del Centro Cultural ALFA de los arquitectos: Fernando Garza Treviño, Samuel Weiffberg y Efraín Alemán Cuello (1978); las torres inclinadas y contrapuestas del Centro de Tecnología Avanzada del Tec de Monterrey, de Óscar Bulnes (1989); los museos de la Macroplaza: Museo de Arte Contemporáneo de Ricardo Legorreta (1991) y el Museo de Historia Mexicana de Óscar Bulnes y Augusto Álvarez (1994); y la Biblioteca Magna, Raúl Rangel Frías de la UANL, de Ricardo Legorreta (1995) estos edificios fincan el perfil intermedio de un proceso de desarrollo material y uno de informatización, bursatilización, de la ciudad ante la tendencia globalizadora.

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Hal Foster, subraya la centralidad de la arquitectura en el discurso cultural que, aprovechando la importancia del diseño en esta sociedad postfordista, conjunta la imagen y el capital, con la intención de vender a gobiernos y corporativos a través de edificios espectaculares que “circularán como un logotipo por los medios de comunicación” (28). La arquitectura, de este modo, se convierte “en una valla publicitaria en 3-­D.” (32), lo que da lugar a edificios como insignias del capital.

desmaterialización y espacios públicos

A finales del 2005 se inauguró en Monterrey el proyecto del arquitecto Javier Sordo Madaleno en la plaza comercial Paseo de San Pedro.

El edificio que alberga el centro comercial y tienda departamental Palacio de Hierro tiene una fachada de vidrio esmerilado, cada panel levanta más de 20 metros de altura y 115 metros de largo y cuenta con luminarios de LEDS22 montados en la cara interior de los paneles.

Las salidas de luz están dirigidas desde arriba y proyectan un baño lumínico uniforme, logrando una mezcla de color muy precisa sobre el concreto blanco de los muros, dando un efecto de brillo sobre los paneles de vidrio.

Esta estética en la que la fachada parece una pantalla susceptible a sistemas de información que cambia de color permanentemente, Josep María Montaner la ubica como una forma de desmaterializar la arquitectura dado que “lo esencial no es la creación material del espacio, sino la configuración de un cobijo bien climatizado, la creación de un entorno servido de energía e información.” (230).

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En este espacio coexisten tres niveles de desmaterialización: la desmaterialización del sitio de la arquitectura, la debida a la disolución de la vida pública hacia las relaciones sociales en un espacio privado, y las que el propio espacio comercial establece al conformar las subjetividades de los grupos sociales a través del consumo y la creación de una imagen dado que estas plazas comerciales se usan para ver y ser vistos.

valor y posibilidad de circulación de la arquitectura

La inserción de los corporativos regiomontanos a los mercados globales, en el contexto del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), subraya esta conversión del capital en imagen. Tal vez el ejemplo más evidente es el museo MARCO que no sólo provee con su edificio una imagen para que la ciudad cobre visibilidad en el ámbito de este Tratado, sino que produce también una estrategia económica para posicionar a Monterrey, a través de la cultura, dentro de los negocios internacionales que se catapultarían a través de la alianza comercial con Estados Unidos.

Su exposición inaugural, en 1991, está remitida al ámbito americano: Mito y Magia en América, Los ochenta, además fue una de las únicas dos sedes en México de la exposición México: Esplendores de 30 siglos (1992), exposición organizada por el gobierno mexicano para vender la imagen de México como un país de larga tradición cultural con el que valía la pena hacer negocios y, de esta forma, que el congreso de Estados Unidos aprobara la firma del Tratado de Libre Comercio (TLCAN).

Pero no es sino hasta los primeros años del 2000 que el perfil urbano de Monterrey más que en el sitio, se define en la desmaterialización de los medios de comunicación y en la red global de información, tendencia que va a la par de su captación de inversiones y que, como aclara Saskia Sassen, es una característica de las ciudades globales

«Hoy en día hay muchas imbricaciones entre el aparato económico formal y las industrias del turismo y el ocio por un lado, y por otro lado, el diseño como actividad formal, así como la informalidad creativa, es un factor muy importante en ciudades tan diversas como Berlín, Londres o Buenos Aires.»

Ahora sabemos que el diseño es algo que agrega muchísimo valor a un número creciente de productos en venta en los mercados del capitalismo post-­industrial. (en Sotomayor y Manito)

Ejemplos paradigmáticos en Monterrey de esta tendencia son el Museo del Horno3, las torres Saqqara de Foster + Partners y La Puerta de la Creación del arquitecto japonés Tadao Ando en la Universidad de Monterrey.

Cada uno de ellos enfatiza ideológicamente los pilares del desarrollo económico de Monterrey: la reconversión de lo industrial a los servicios, por medio de la arqueología de la arquitectura industrial en el Horno3; la economía basada en la reconversión inmobiliaria de las Torres Saqqara y la apuesta de los corporativos hacia la educación y la cultura como vías de desarrollo económico del Centro Roberto Garza Sada de Arte y Diseño de la UdeM.

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Estos proyectos tienen otra forma de capitalizarse, antes siquiera de tener presencia material en el sitio.

Además de proyectos urbanos o arquitectónicos, son proyectos informáticos. Empiezan a circular en imágenes, como renders, por las revistas de arquitectura por su aportación al diseño y la relevancia de sus autores; en las publicaciones de economía como parte del proyecto de desarrollo que representan para la ciudad; y como ejemplo de diseño urbano por su aportación a la regeneración de la ciudad donde se dan. De esta forma comienzan a generar capital y a atraer inversiones.

Esta virtualización o renderización más que entenderse bajo el concepto de simulacro, implica el que la arquitectura se desmaterializa, se desterritorializa al moverse por los mismos canales informáticos, inmateriales, globales, por los que se mueven los capitales financieros.

El fenómeno de esta arquitectura desmaterializada, de esta arquitectura “terciarizada”, es su difusión a través de los premios internacionales a los que se va haciendo acreedor, incluso antes de su terminación material. El Museo Horno3 desde su origen tenía ese efecto mediático relacionado a los concursos.

Para la restauración del horno más grande de Latinoamérica y su conversión a museo de sitio fueron convocados a un concurso internacional, por invitación, 12 de los principales despachos de arquitectura del mundo, siendo el ganador el arquitecto británico Nicholas Grimshaw. El prestigiado despacho canadiense AldrichPears Associates se encargó de la museografía y el guión temático, liderando a un grupo de empresas internacionales para el desarrollo de las 150 exhibiciones interactivas permanentes con que cuenta este museo.

Para 2010, a tres años de su apertura, el Museo Horno3 ya contaba con los reconocimientos de las siguientes instituciones internacionales: American Society of Landscape Architects; XVI Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito; XVII Premio de Obras CEMEX; Monumento Artístico Nacional del INBA; Obra del Año del Grupo Expansión; Diseño del Año por el Premio Quórum; Ilumination Design Award por el show de luces del Horno.

Incluso el mismo sitio del museo recurre a una serie de revistas donde se destaca por su diseño o arquitectura: Arquitectural Record; C3 Magazine; Space Magazine; Association for Iron and Steel Technology; Casas y Gente, por nombrar algunas.

Una dinámica que contribuye a esta desmaterialización del fenómeno arquitectónico, es el acompañamiento de estrategias culturales para posicionar el proyecto. La exposición de Foster + Partners en MARCO de Monterrey (septiembre 2010-­enero 2011) que antecedió el anuncio, en agosto de 2011, del proyecto en Valle del Campestre de las torres Saqqara, es una forma de generar la plusvalía simbólica para proyectos arquitectónicos. El mismo mecanismo se instrumentó con el proyecto de la Torre Fundadores de Enrique Norten y la exposición, en la que ya se incluían las maquetas y los renders de este proyecto, entre julio y octubre del 2008. Desgraciadamente la crisis financiara de ese mismo año provocó que la torre nunca se construyera.

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El mismo fenómeno de plusvalía simbólica se dio con La Puerta de la Creación de Tadao Ando que, para diciembre de 2008, presentaba la maqueta y dibujos de proyecto en la Galería MA de Tokio.

El paso de los medios especializados en arquitectura a los económicos parece natural y prueba la eficacia productiva de este proceso. Es evidente que el flujo informático pasa a ser flujo económico o de capital cuando, en el contexto de un espacio público, se enfatiza el aspecto económico. Es decir, cuando en el caso del Museo del Horno3 la simple noticia de la existencia del museo se hace pública en un contexto económico como la publicación CNN-­Expansión.

Ahí la relación entre el emplazamiento arquitectónico y las instituciones editoriales internacionales, implica una posible retribución para los inversores de la localidad. En La Puerta de la Creación, el anuncio de la asignación del proyecto constructivo, en la red Bussines wire, se vuelve una noticia económica pues implica el flujo de 34.5 mdd, en ambos sentidos: de un despacho arquitectónico de prestigio internacional hacia la ciudad de Monterrey y de un grupo de inversores de la ciudad que fue capaz de atraer la atención de este despacho para lograr visibilidad internacional.

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De este modo, el camino que sigue la arquitectura entre la construcción de un perfil urbano territorializado de la Macroplaza hasta la virtualización de proyectos arquitectónicos como el MARCO, el Horno3 o La Puerta de la Creación, va acompañado de la desmaterialización y desterritorialización de la economía de los corporativos de Monterrey.

ii. una mirada otra

el estudio fotográfico como espacio de ilusión e intimidad

Esa anchurosa ribera que es la avenida Francisco I. Madero, donde la población obrera pone con sus yompas azules la nota alegre y optimista del nuevo tiempo.

Raúl Rangel Frías

En la fotografía se evidencian arreglos sociales hegemónicos.

En el corpus fotográfico de Alberto Flores Varela se puede apreciar la relación entre esta conformación y modernización de la ciudad, en la primera mitad del siglo XX, y los esfuerzos por definir, contra este constructo hegemónico, los rasgos de los individuos que la habitan.

Walter Benjamin, para finales del siglo XIX, diferenciaba el espacio de trabajo – público– y el espacio privado, como característica de la conformación del perfil de la ciudad moderna

«El ámbito en que vive se contrapone, por primera vez para el hombre privado, al lugar de trabajo. El primero se constituye en el interior. La oficina es su complemento. El hombre privado, realista en la oficina, exige del interior que le mantenga en sus ilusiones.» (1972: 182)

Lo que marca Benjamin para la clase burguesa, revierte su función en la clase trabajadora –que le es difícil apropiarse de un espacio privado. Si bien se les sigue exigiendo que su trabajo –la planta, la fábrica– sea su espacio realista; a falta de un interior, de un espacio privado, su espacio de ilusión se convierte en la calle, ese espacio fuera del trabajo, de la visión de la realidad –pública– que les permite mantener el deseo.

En las fotografías de Flores Varela encontramos la evidenciación de ese contraste. Por un lado, están las fotografías encargadas por las empresas en la que los empleados aparecen de rostros anónimos, vueltos masa, en esas tomas grupales de las fiestas de los obreros de cervecería Cuauhtémoc y Vidrio Plano. El “realismo” que se le pide a los trabajadores, en el espacio de su trabajo, es interesado.

Las fotos encargadas por los corporativos a Flores Varela, muestran a sus empleados realizando su función productiva a favor de la empresa o se muestran disfrutando de un beneficio o prestación (una celebración, fiesta o práctica deportiva) que les ofrecía la empresa como una estrategia de paternalismo. Ese era su acceso a la “realidad”.

Pero esta mirada dominante borra su particularidad, los masifica al ponerlos dentro de una red de relaciones que anulan, alienan, a su identidad por su adscripción a su clase y a su función dentro de la empresa.

Por otro lado, en los retratos que tomó en su estudio a lo largo de varias décadas se evidencia que, ante la carencia de un espacio privado, del que sí goza la burguesía, es en el estudio fotográfico donde las clases trabajadoras se individualizan.

Es en ese espacio donde encuentran esa intimidad en la que, ya no guiados por la directiva y orden de la empresa, ya no dentro del espacio de trabajo; sino por propia voluntad, es donde se manifiesta esa contradicción de quienes tienen tanta dificultad para definir su vida privada que, como alternativa, la trazan en espacios públicos como el parque, el cine, la plaza y, la simbolizan en un estudio fotográfico.

Las fotografías de estudio de Flores Varela parecen evidenciar la tensión entre la naturalización en lo urbano de los empleados y trabajadores y su construcción de subjetividad en ese espacio privado, sucedáneo, del estudio fotográfico.

(des)centrar lo excéntrico

¿Cómo, la transformación en el trazo de la ciudad, impacta al individuo y su conformación como sujeto?

El estudio fotográfico de Flores Varela funciona, en el centro de la ciudad, como la aguja de un tocadiscos, pero como si el motor rotara al revés: al permanecer estático, estable, siempre en la calle Madero –mientras la ciudad crece y se dinamiza a partir del centro– este movimiento se vuelve sensible a los cambios mínimos de la sociedad que “crece”, excéntrica, a su alrededor, del centro hacia las periferias –tanto privilegiadas como proletarias– de la ciudad.

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Según lo plantea Roberto García Ortega, entre 1940 y 1970 el crecimiento poblacional de la zona metropolitana de Monterrey es de 212,353 a 1,266,071 habitantes. Esto es, en 30 años crece más del 500%. El efecto es «una creciente concentración de las actividades económicas y habitacionales de los estratos medios bajos y bajos en las áreas centrales, paulatinamente abandonados por la élite, como el caso de las avenidas Madero y Pino Suárez y las zonas que las rodean, que habían empezado a degradarse físicamente y a ‘popularizarse’.» (41)

En este registro sensible del cambio social se hacen presentes dos caras del mismo fenómeno. En el centro de la ciudad, en las cercanías a su estudio, empiezan a establecerse negocios dedicados al espectáculo nocturno. Cabarets y prostíbulos que, desde mediados del siglo XX surgen acompañando al crecimiento urbano y como un complemento del desarrollo industrial, esa otra industria paralela que permite evadir o equilibrar el enajenamiento que produce el trabajo.

Y, nuevamente, en la serie de retratos, los rostros individuales de las trabajadoras que dan vida a la industria urbana del entretenimiento, surgen a la luz como un intento de recuperar su identidad, de liberarse de ese halo que, alrededor de ellas, impone una sociedad basada en el espectáculo, la experiencia y el alcohol.

identidad y control

La ciudad es un tejido de relaciones sociales, económicas, que cada individuo capitaliza en el reconocimiento de su rostro.

Herederas de las tarjetas de visita con fotografía del siglo XIX y como parte de la evolución del retrato en su capacidad de establecer redes de valoración económica –a través de la visibilidad del rostro, de la individualidad y su posición en la red de sociabilidad– los retratos de estudio, permiten tener presencia –por estatus o por reconocimiento profesional– en esa naciente sociedad que se define por sus lazos económicos.

Una manifestación de esa importancia socioeconómica de la foto de estudio se aprecia en la costumbre (que prevalece hasta nuestros días) de colgar en el despacho de los profesionistas –médicos, abogados, psicólogos o cualquiera que quiera capitalizarse, prestigiarse– sus títulos profesionales.

Esta función de la fotografía de certificar la identidad vía una institución educativa, un certificado de identidad (pasaporte, ID o cualquier modalidad que el Estado determine), establece una función de control en el preciso acto o momento en que es fijada la particularidad, singularidad, de cada persona, de cada rostro.

En este sentido, los estudios fotográficos han jugado un papel central de control desde el gobierno o cualquier otra instancia de poder que pide “identificación con fotografía”. El estudio colabora con la institución al producir las fotos para documentos de identidad y reproducir un sistema intrusivo hacia el sujeto.

Las fotografías del archivo Flores Varela, dadas a conocer en el proyecto Esplendor del retrato en estudio (2014), parecen someterse a otra estrategia de retrato, que además de las tomas que las personas le pedían para cumplir algún requisito institucional, el fotógrafo aprovechaba la visita para hacerles un estudio. Variaba poses, luces, perfiles, hasta tratar de encontrar cierta toma. En este estudio –en esta distracción o ignorancia de la función de control de la foto de identidad– la foto genérica, de identidad y control que demanda la institución se resquebraja a través del retrato.

arreglo social como punto ciego

Los retratos de Flores Varela nos hacen experimentar este cambio en el foco de la mirada. Dentro de su propio trabajo, desde la mirada de la empresa que vuelve a los retratados el rostro del empleado genérico, dentro de esa mirada social que invisibiliza a las empleadas del espectáculo, dentro de esa variada visión que nos da de una misma persona o del mismo modelo desde diferentes variantes sociales, Flores Varela busca recuperar cierta individualidad en los sujetos del retrato, los arropa por su propio contexto, en su pertenencia a la clase, por sus relaciones familiares.

En los retratos de estudio de Flores Varela son ellos, los transeúntes anónimos de la zona centro, descentrada, los que nos ven. Y ese activamiento de su mirada nos hace conscientes de que la nuestra, esa mirada dominante, naturalizada, masificadora, exotizante, hace que ignoremos, tengamos un punto ciego sobre la conformación de Monterrey y sobre sus habitantes.

3. De la plaza pública al suplemento social

identidad :: visibilidad y pertenencia

No un conjunto de imágenes, sino una relación social entre las personas, mediatizada por las imágenes.

Guy Debord

Es a la vez vendedora y mercancía.

Walter Benjamin

Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.

Génesis 11: 4

mirada, identidad y capital

El espacio público se ha desmaterializado y sometido a fenómenos que afectan el modo en que las relaciones se hacen en él.

Hoy la fotografía y los medios de comunicación conforman un nuevo espacio público.

La identidad se define por la mirada dentro de las relaciones de producción de capital. El espacio público es el lugar de estas relaciones.

i. la construcción de la apariencia

retrato y sociabilidad

1. la máquina que reproduce a la persona

En noviembre de 1842 el Semanario Político del Gobierno de Nuevo León, en una pequeña inserción pagada registra,

Vivos retratos

Don Eduardo Wilder respetuosamente avisa a los sres. de Monterrey que permanecerá un corto tiempo en esta ciudad con el objeto de sacar los retratos de las personas que gusten ocuparlo.

Los retratos se sacan con una máquina llamada daguerrotipo, del nombre de su autor.

La invención es enteramente nueva, y la asombrosa exactitud de la semenjanza puede solo concebirse por los que han presenciado sus resultados. Por la belleza y delicadeza de la delineación, y por la fuerza y viveza de expresión en todas las facciones, nada puede compararse con el daguerrotipo. No siendo la mano del hombre que hace el retrato, sino que se delinea por el medium sutil de la luz, es una imagen ópticamente perfecta que se imprime en la superficie de plata, propiamente preparada para recibirla. Por cuyo motivo se garantiza en todo caso la semejanza.

La sala estará abierta desde las ocho de la mañana del 7 del corriente hasta las tres de la tarde, en casa de la señora doña Melchora Hernández, calle de San Francisco, donde podrán verse las muestras. (Rodríguez, 80)

2. lazos de afecto y redes de sociabilidad

Un aviso en el periódico, de Santigo M. Kokernot [julio 24 de 1857], enfatiza, Se sacan retratos de todos los tamaños y tan pequeños que pueden servir para colocarlos en los medallones, sortijas y prendedores, de un gusto tan peculiar y tan elegante que rivalizan con las más bellas y delicadas miniaturas. (Rodríguez, 85)

Fehrenber, para 1863, cuenta ya con una galería de retratos de gran pompa en la calle de Doctor Mier número 94, realiza una gran cantidad de paisajes sobre la ciudad de Monterrey y tarjetas de visita que para entonces comienzan a estar de moda. (Rodríguez, 90)

La industria [de la fotografía] conquistó por primera vez terreno, con las tarjetas de visita con retrato, cuyo primer productor, se hizo millonario. (Benjamin, 1989: 64)

visibilidad y ostentación

1. deseo e identidad

La sociedad de Monterrey es una de las más alegres y dispuestas a divertirse. No los aherroja ese sentimiento levítico y triste que hace de las ciudades de provincia conventos lóbregos desde que suena en la iglesia el toque de la oración. (El Mundo, 1 de enero, 1899, en Rodríguez, 96)

Los domingos una literal caravana de carruajes importados finamente adosados se encaminaban a la iglesia por el centro de la ciudad. Los Landaus eran los favoritos, a veces conducidos por cocheros al estilo inglés: sacos rojos, guantes blancos, botas negras y tricornios negros emplumados. Junto a los carruajes con pasajeros femeninos, los hombres montaban magníficos caballos pura sangre y daban vueltas de la plaza Zaragoza a la Alameda y luego por la avenida Progreso. Más tarde los autos, en vez de los carruajes, continuaron con esta práctica, mientras que la sociedad poco favorecida se alineaba por las calles para ver pasar los vehículos de los ricos, desde y hacia el barrio exclusivo de la ciudad, la colonia Obispado. (Saragoza, 112)

De acuerdo con un periódico local [La Voz de Nuevo León], el 25 de febrero de 1895 hubo un baile de máscaras en el Casino Monterrey. Los socios llegaron en fastuosos carruajes con chofer, vistiendo varios disfraces. Entraron en el salón de baile vistosamente decorado ante la admiración y ocasionales aplausos de la multitud que rodeaba la entrada con la esperanza de echar un vistazo a los ropajes que vestían los ricos en lo que se perdían dentro de los confines del casino. En cierto sentido, la gente que esperaba afuera simbolizaba a la clase media ansiosa por ser parte de la alta. (Saragoza, 116)

2. modernización de la mirada

Las fuentes locales de información estaban llenas de la vida social de los regiomontanos adinerados, jóvenes y viejos, hombres y mujeres. Las carreras de bicicletas patrocinadas por Terpsícore, las de caballos en el hipódromo, juegos de beisbol entre Fundidora y Cervecería, exhibiciones de autos que mostraban en el quiosco de la plaza Zaragoza, óperas en el casino, anuncios de tertulias e historias similares aparecían incesantemente en los periódicos locales. (Saragoza, 111)

[En la época posrevolucionaria] otras prácticas y rutinas evolucionaban, acompañados por los vientos de cambio: automóviles, radios y fonógrafos remplazaron carruajes, conciertos de las bandas militares en el quiosco y caminatas dominicales. [El periódico] El Porvenir se convirtió en vocero de la visión de la burguesía y proveyó una constante fuente de visibilidad para los pensamientos y la vida diaria de la clase alta. Las estaciones de radio, las salas de cine y la moda agregaron medios para enfatizar la exclusividad de la élite en la mente y los ojos de los habitantes de la ciudad. (Saragoza, 186)

Los periódicos relataban las reuniones, sus visitantes, banquetes, discursos y actividades, incluyendo numerosas fotografías en diversas ocasiones. (Saragoza, 190)

Para los años treinta, la atracción hacia los Estados Unidos había motivado a cada vez más familias adineradas de Monterrey a enviar a sus hijas e hijos a escuelas y universidades del norte (casualmente religiosas, sobre todo católicas). Las fiestas de despedida para las hijas de la élite abarrotaron las páginas sociales de los periódicos cada septiembre y enero, cuando regresaban a sus escuelas en los Estados Unidos después de verano y Navidad. Los suplementos dominicales de los periódicos mostraban fotografías de las jóvenes adineradas en sus mejores vestidos comprados en los Estados Unidos o, a veces, en Europa. (Saragoza, 195-196)

3. apariencia como ascenso

Aquellos ansiosos por trepar la proverbial escalera social (sobre todo hombres) se asentaron en la ciudad y compitieron por los empleos más lucrativos, los clientes más adinerados e incluso los matrimonios más provechosos.

Las pretensiones de alcanzar un mejor nivel entre la clase media, sugería la esperanza de dar una impresión favorable y propicia a los potenciales patrones, posibles clientes o a las solteras codiciadas. Esto impulsaba a una buena parte de la clase media a vivir más allá de sus posibilidades, pese al desdén de los regiomontanos adinerados. Un periódico de la época [La Voz de Nuevo León] se lamentó: “en general todos los que se visten elegante y excesivamente, son admitidos en cualquier reunión, aunque sean estúpidos y mentecatos”. (Saragoza, 117)

Esas casas comerciales [en los primeros años de los treinta] fueron verdaderas escuelas para muchos hombres de negocios regiomontanos, aprendieron a trabajar y conocieron desde dentro todos los componentes y dinámicas de los negocios. De las personas que trabajaron en estos comercios, a pesar de las “friegas” que les acomodaron, hablan bien de ellos y sin resentimientos, más bien con nostalgia. Uno de ellos me dijo, “de los 50 pesos que me ganaba, ahorraba cinco, ayudaba a mi casa, me divertía y compraba un traje de vez en cuando”. (Zapata, 27)

vii. los colores de la gentrificación

graffiti y gentrificación

Durante los primeros años del siglo XXI, el graffiti toma los predios baldíos del centro de la ciudad y, sin pretenderlo, se convierte en el signo indistinto de zonas susceptibles a gentrificar.

Los grandes terrenos baldíos que operan en distintos sectores de la ciudad, en zonas en desarrollo o entre municipios, como “colchón” o reserva territorial, susceptible a la especulación, empiezan a mostrar signos evidentes que, por la indigencia y por el graffiti, se vuelven marcadores del abandono, al mismo tiempo pauperizantes y resignificantes. Menú “nutritivo” para un perfecto banquete de regeneración urbana.

¿No resulta contradictorio que el graffiti, después de ser una práctica crítica y contestataria del discurso hegemónico sobre el trazo de la ciudad, ahora se vuelva una herramienta de mediación que “embellece” las zonas pauperizadas de la ciudad, los barrios y, en complicidad con desarrolladores, neutraliza la posibilidad de resistencia de los habitantes originarios de estas zonas a recapitalizar?

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Antes que las vallas publicitarias, que se emplazan en el perímetro de cada predio donde se construye un nuevo desarrollo, el graffiti es el signo incuestionado en la ciudad de que ahí se desarrollará un nuevo proyecto urbano que volverá más lucrativo y costoso ese terreno.

un túnel y un mural

1.

El puente, el túnel, la interconexión son herramientas de la movilidad, de la movilidad urbana –facilitar los flujos, tanto de automóviles como de transeúntes– más nunca de la movilidad social.

Un interés más práctico de la movilidad urbana es dar acceso al capital que se convierte en puente entre dos distintos grupos sociales.

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2.

El problema a resolver con los puentes, accesos, particularmente con el túnel de la Loma Larga y la anunciada interconexión entre la Macroplaza y Valle Oriente es el excesivo flujo de vehículos y personas que cada día se mueve en San Pedro, proveniente de otros municipios (400 mil vehículos y cerca de 70 mil personas no residentes).

¿Qué hace tanta gente ahí?, ¿qué busca?

Principalmente son empleados de los comercios, oficinas y proveen los servicios domésticos que necesita la zona para sobrevivir.

Esto hace que se establezca una relación compleja entre los residentes y esta marea de gente. Al mismo tiempo que los residentes rechazan a los que a diario trabajan ahí –y quieren blindar el municipio, empadronar a lavacoches y empleadas domésticas– los necesitan para ellos mantener su patrimonio; al mismo tiempo que los consideran un problema, necesitan que alguien atienda los negocios y que consuma en los centros comerciales, restaurantes y antros que caracterizan a este municipio.

Es decir, lo que hace insuficientes las vías es que estas conexiones son realmente accesos al capital, para unos de consumo, para otros de ingreso y lo que conviene es no solo mantenerlo sino ampliarlo.

3.

No solo el principal, sino el permanente obstáculo para hacer una conexión libre y tomar posesión de una de las mejores vistas del área metropolitana lo ha representado la colonia Independencia.

La Independencia es una de las colonias más antiguas de la ciudad, con más de 100 años de existencia. Como uno de los barrios populares más tradicionales fue el primer asentamiento de obreros que venían de otras ciudades buscando empleo en las industrias locales (Fundidora, Cervecería).

En el último cuarto del siglo XX, la crisis se manifestó en el desinterés y abandono de estos grupos vulnerables lo que acarreó distintas formas de violencia: toma de predios irregulares, pandillerismo y delincuencia.

Desde los ochenta, la Independencia ha representado un obstáculo entre la Macroplaza y sus museos y el desarrollo de Valle Oriente para “embellecer la ciudad”.

En vez de solucionar el problema, la estrategia de gobierno e iniciativa privada ha sido ignorarla. Pasar por debajo, con un túnel; por encima con un viaducto elevado y un teleférico.

4.

La cultura global (un museo, una escultura) es una forma de detonar proyectos de renovación urbana y especulación inmobiliaria.

A principio del nuevo milenio, en la administración del gobernador Fernando Canales, se trató de hacer Cruz y Luz, proyecto encargado al arquitecto Santiago Calatrava (una cruz robótica de 140 metros), para rescatar el espacio público de la colonia. El proyecto nunca se realizó.

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Para el 2015, una nota del periódico ABC registra que se gastaron más de 12 millones de pesos en infraestructura (una plazoleta, unos baños públicos), por el Gobierno del Estado, de los 50 presupuestados. Hoy es “un refugio para drogadictos y un mirador con vista espectacular que muy pocos pueden disfrutar”.

En julio de 2017 Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro y accionista de ALFA, retoma el proyecto, ahora con Frank Gehry, “le propuso al arquitecto diseñar una cruz monumental que se ubicaría en la parte alta de la Loma Larga, en el límite de San Pedro y Monterrey, cerca del edificio Los Soles”. Además, construirá un museo en el parque Rufino Tamayo (Valle Oriente) para sus colecciones, registra El Norte.

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El poder tiene que pasarle por arriba o por un túnel a la Independencia, porque a través de la cultura global no les será fácil convencer a sus habitantes. La cultura de resistencia que ha construido la comunidad (rayas, cumbia colombiana) no cederá ante ninguna cruz.

5.

En septiembre de 2017 se inauguró, en el túnel de la Loma Larga que conecta Monterrey y San Pedro, un mural del Dr. Lakra. El mural que se ostenta como el mural al aire libre más grande del país, por sus 1,500 metros cuadrados, lo patrocinó Marco Garza Mercado, director general de GM Capital, uno de los principales desarrolladores de Valle Oriente y que en 2016 puso la primera piedra del Distrito Armida, “un complejo urbano que alojará 9 torres que fungirán como pilares arquitectónicos con departamentos, oficinas, zonas comerciales, restaurantes, supermercados, hoteles y zonas de esparcimiento entre otros espacios, que definitivamente modificará el entorno urbano, dándole a la ciudad de Monterrey un conjunto que conjuga integración horizontal y vertical, y un lugar que permita que la conectividad fluya y se mezcle con el entorno de manera natural y orgánica.”

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La nota de La Razón, continúa, “el empresario inmobiliario informó que el complejo, que integra 9 torres y que modificará la vista urbana de Monterrey, incluye como premisa los principios de equidad social e inclusión, ya que será construido por verdaderos expertos en diseño y arquitectura.”

Otra vez, el capital se ampara en el discurso de la “equidad social y la inclusión”.

6.

Por este mural se le pagó a Lakra 50 mil dólares.

Las interconexiones construidas por el capital, más que unir, polarizan las diferencias.

el color del capital

1. hombres trabajando

Las redes que, en los edificios en construcción, limitan las placas de cemento que aún no tienen paredes; el ejército de chalecos y cascos de los trabajadores que atraviesan y ocupan la ciudad; los conos, cilindros o simples indicadores en las calles –cerca de las construcciones– que marcan los nuevos accesos, aberturas en el suelo para instalar drenajes más amplios, para recalibrar las líneas y cargas de las nuevas conexiones eléctricas. Todos esos objetos naranja son el síntoma evidente de que la ciudad deja de ser horizontal y toma el reto de empezar a elevarse a una dimensión vertical.

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2. la gran obra comienza

Como una activación, una campaña publicitaria, del desarrollo urbano Arboleda, se le comisiona a Los contratistas, productores visuales, una instalación que toma el color naranja y elementos como conos, palas, contenedores, carretillas, pasos de cebra, y lo convierte en una estética y un signo de que, en Monterrey, la producción cultural, el brannding, la construcción de nuevos desarrollos inmobiliarios y la producción de capital se uniforman en el color naranja.

En el video que acompaña esta activación, el pintar de naranja las herramientas básicas de la construcción, se convierte en un simbólico toque de Midas, que convierte en capital todo lo tocado por este color. Pero, el único que se beneficia de esta transfiguración no es quien utiliza estas herramientas de trabajo, sino quien las manda pintar.

La campaña tiene el eslogan #lagranobracomienza, como una sutil evidenciación, un banderazo de inicio de la nueva manera en la que el capital regiomontano se manifiesta, toma forma en la ciudad. El nuevo color del capital es naranja.

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